WASHINGTON, Estados Unidos, jun. 17, 2005.- En sólo 6 semanas, la vida de la familia Torres cambió dramáticamente. A la alegría del nacimiento de su hijo, Peter, hace dos años, Jason y Susan agregaron la de un nuevo embarazo, hace 20 semanas, hasta que el 7 de mayo pasado ocurrió una tragedia.
De noche en su hogar en Alexandria, Virginia, Susan sufrió una hemorragia que le produjo muerte cerebral.
”Dieron resucitación cardiopulmonar y luego vinieron acá, y cuando entramos, el doctor dijo que no había actividad cerebral, pero que era joven y que estaba embarazada y ya tenía un hijo, así que lo iban a intentar”, recuerda Jasón Torres, esposo de Susan.
Aterrorizado su esposo y médico la internaron de urgencia en el centro hospitalario de Arlington, Virginia, pero todo fue inútil. Ahora, en estado vegetativo, Susan, quien además tiene cáncer desde los 17 años permanece viva en la unidad de cuidado intensivo, conectada a tubos de oxígeno y tubos que la alimentan.
Los médicos dijeron a Jason que su esposa de 26 años no podrá recuperarse, pero la pequeña con sólo 20 semanas de gestación podría salvarse.
El caso se asemeja, en algunas circunstancias, al de Terri Schiavo, una mujer que pasó 15 años en estado vegetativo hasta que el pasado 31 de marzo murió después de que los médicos desconectaran el tubo que la alimentaba, cumpliendo la decisión de su esposo Michael.
Pero, a diferencia del caso Schiavo, Jason Torres cuenta con el respaldo de la familia de Susan en la decisión de que se continúe alimentándola mientras progresa el embarazo.
Los médicos, sin embargo, han advertido de que el mismo paso del tiempo, necesario para el desarrollo del feto, es el que permite la extensión del cáncer que podría llegar al útero de Susan.
Los problemas de Jason aumentan con el tiempo, como las facturas de 400 mil dólares de atención médica de su esposa, que no cubre el seguro. Una pesadilla que a sólo mes y medio de felicidad, jamás se habría imaginado.