NUEVA YORK, Estados Unidos, ago. 9, 2005.- En tierras prietas y frondosas, a unas dos horas de Nueva York, todo huele a México, sabe a México, se siente a México, suena a México, vamos es México. Un México que cobra vida, de mano directa del campesino, sobre dos hectáreas de cultivo desde lo más profundo y noble de su raíz y con sus propias semillas, “semillas buenas, de allá de México”... Kilos de semilla, que se trajo Don Antonio Rodríguez de 82 años, y ex brasero de Cuautla, Atlixco y Puebla.
“No y a veces ni me revisaban, pasaba yo, ni siquiera me tentaban las maletas y traía yo harta semilla de pápalo, harta semilla de fraile, semilla de calabaza, semilla de picantes, de todas las semillas traía yo”, comenta Antonio Rodríguez, agricultor mexicano ex bracero.
Y es que desde hace dos años, Gil, Martín, Rodríguez, los hijos de Don Antonio y oriundos de Progreso, Piaztla, Puebla y ambos padres de 5 hijos, brillan como los agricultores independientes de la región, debido a un programa para inmigrantes que les permitió rentar esta tierra por mil dólares al año y acceder a docenas de mercados selectos que surten a unos 105 restaurantes.
“Ellos mostraron y probaron que sus productos eran tan excepcionales, tan diferentes, tan típicos que realmente lograron entrar a Little Square, y los viernes están allí. Eso es algo que te muestra, que tan importantes son sus productos en nuestro mercado”, señaló María Álvarez, coordinadora del proyecto Nuevos Granjeros de la organización Green Martket.
Y el mayor lanzamiento de los Rodríguez ha sido la flor de calabaza que ellos cultivan a mano, produciendo unas 10 cajas o 50 libras al día, que ellos venden en 12 dólares la libra.
“Pues es la llave que nos ha abierto las puertas en los mercados donde quiera que llegamos, parece que es bien recibida será por el trabajo, porque tiene uno que cortarla el mismo día, o no sé, correr mucho, trabajar mucho”, dice Gil Rodríguez, agricultor mexicano.
La flor de calabaza ha sido la gran estrella de la familia Rodríguez Gil en Nueva York, pero pocos saben que esta exquisitez mexicana se recoge con el sereno y bajo la luz de las estrellas como lo más precioso del mundo.
“A las 4 de la mañana, o a las 3 de la mañana la corta uno... ¿Por qué? Porque a esa hora abre la flor, un poquito y es cuando uno conoce que la flor ya empezó abrir tantito la corta uno, para cuando ya calentó el Sol un poquito ya empieza abrir hasta que se abre la flor, tiene uno que tenerle cariño a las plantas como cuando quiere uno a la mujer”, afirma Antonio Rodríguez, agricultor mexicano ex bracero.
Pero tanto cariño, entrega y cuidado a sus flores ha desbordado la cosecha de los Rodríguez, quienes no se dan abasto y no pueden atender sus necesidades personales con la infraestructura familiar, y el programa siendo ellos indocumentados tampoco ofrece soluciones.
Regularizar su condición migratoria es urgente para Martín y para Gil para dejar de dormir en las camionetas, pero también para arreglar una calle en su natal pueblo de Progreso, Puebla con las ganancias de su flor de calabaza y el apoyo de otros capitales.