BATON ROUGE, Estados Unidos, sep. 1, 2005.- José Luis Cortés, un joven inmigrante mexicano, se quedó atrapado en Nueva Orleáns primero por el amor y después por el huracán Katrina, tras negarse a evacuar la ciudad para permanecer junto a su novia. Cortés, de 21 años, decidió permanecer en esa ciudad y no seguir las recomendaciones de sus tías y primos que optaron por evacuarla el pasado domingo, antes de que llegara la tormenta que inundó el 80% de casas y edificios.
El joven, originario de Durango, confiesa que el afecto por su novia Tiara le impidió seguir a sus parientes a Houston. "No podía dejarla", dice en alusión a su pareja, una afroestadunidense de 19 años.
Los padres de Tiara decidieron permanecer en Nueva Orleáns y no gastar sus escasos ahorros en gasolina y hoteles, seguros de que la tormenta no acarrearía muchas consecuencias.
"Pensé en que pasaría el huracán en Houston con mis primos, pero cuando supe que ella se iba a quedar, decidí quedarme y pasar la tormenta juntos, acompañados de sus papás", indicó.
"Mis primos y tías ya tenían experiencia en huracanes y me insistieron en que me fuera, pero yo no lo tomé tan en serio", recordó.
"En casa de mi novia, todos nos arrepentimos de habernos quedado. Tuvimos miedo, Katrina fue feroz (...) Temí por mi vida y por la de ella, por la de todos", dijo José Luis al asegurar que nunca se le olvidara el temor que le provocó la tormenta.
José Luis, su novia, sus suegros y su cuñado de 12 años fueron rescatados la tarde del lunes por una lancha que era tripulada por un vecino.
"Ya estábamos en el techo. La casa no estaba cubierta, pero el agua nos llegaba a la cintura y mejor nos subimos", explicó al añadir que "mis suegros perdieron todo, incluso el carro".
Tras su rescate en lancha, voluntarios de la Cruz Roja los transportaron a Baton Rouge, la capital de Louisiana, donde permanecen desde el martes pasado.
José Luis es uno de los pocos inmigrantes mexicanos que se encuentran en el mayor albergue que está siendo operado por la Cruz Roja Americana en el sur de Louisiana.
Unos cinco mil refugiados se encuentran en las instalaciones de dos pisos del Centro de Convenciones de Baton Rouge, ubicado justo a la orilla del majestuoso Río Misisipi.
El sitio es el principal de los 240 albergues que han sido abiertos en el sur de esta entidad en los últimos cuatro días y donde unas 45 mil personas están siendo asistidas.
"Aquí somos dos o tres mexicanos, nada más, pero hay muchos hondureños, salvadoreños y guatemaltecos" refirió. En el albergue, la gran mayoría es afroestadunidense, lo que es representativo de la composición étnica de Nueva Orleáns y de todo Louisiana.
José Luis dejó Durango hace dos años para trabajar primero en California, luego en Virginia y después en Nueva Orleáns. El joven cruzó legalmente la frontera por Tijuana con una visa que lo autorizaba a permanecer sólo seis meses en este país.
"No pensaba venir a Louisiana, pero mis primos me convencieron y me ofrecieron trabajo", dijo. Antes de que azotara el huracán, el joven mexicano trabajaba como pintor de edificios de apartamentos.
"Llegue a Nueva Orleáns en noviembre pasado y poco después conocí a mi novia", confiesa José Luis al aceptar que el romance con Tiara lo ha conducido a hacer planes de matrimonio.
"Hemos hablado de que el hacer una boda, el casarnos, es la mejor forma de celebrar que estamos vivos", afirmó.