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CIUDAD DE MÉXICO, México, nov. 8, 2005.- Van 12 noches consecutivas de disturbios juveniles y ya hay varias versiones respecto a que hay detrás de la ola desatada desde el 27 de octubre pasado.
Para algunos se trata de vandalismo organizado; pero para otros, la agresión corresponde a la falta de integración social y el abandono institucional.
La revuelta social se extiende a partir de la periferia de París, en los suburbios que son barrios, con altos índices de desempleo e inseguridad.
Su población se estima entre 30 mil y 150 mil habitantes, principalmente inmigrantes, marcados por la marginación, el rechazo y la discriminación.
Según la Policía, la revuelta comenzó sin pies ni cabeza.
Pero se ha ido organizando a manos de criminales reincidentes, dedicados principalmente al tráfico de drogas y la prostitución, que conocen estos territorios y saben como explotarlos.
Las autoridades cuentan con una radiografía de los vándalos y explican que se trata de jóvenes de entre 14 y 20 años, sin estudios ni empleo, en su mayoría nacidos en Francia, pero de origen árabe o africano.
Soldados que son reclutados por bandas y mafias locales que ahora dirigen esta guerrilla urbana.
La Policía también tiene datos sobre cómo operan, los ataques se preparan y dirigen a través de mensajes por la red y la telefonía celular.
Hay expertos que opinan que el brote de violencia se propagó tan rápido y en tan pocos días, gracias al Internet, por el explosivo bombardeo de información sobre las batallas nocturnas y el intercambio de comentarios entre los usuarios.
Dos eventos detonaron esta crisis: el primero, el 27 de octubre pasado, con la muerte accidental de dos jóvenes, al parecer, cuando escapaban de la Policía.
Algunas versiones señalan que no tenían cartas de identidad y que los jóvenes solo estaban jugando fútbol y no robando, tal como señala la versión oficial.
Y la segunda, tres días después, cuando la Policía lanzó una granada de gas lacrimógeno que cayó en una mezquita en plena oración, bajo el argumento de "cero tolerancia", para tratar de controlar la situación en los primeros días de furia, esto se interpretó como una agresión religiosa y un pretexto para la rebelión de radicales islámicos.
Tal parece que no hay una solución inmediata al conflicto, mientras la ola de violencia se extiende con el riesgo de que se contagie, cada vez mas, a escala nacional.