Ali Agca: el misterio de nunca acabar



por: Agencia
Fuente: EFE




La liberación de Mehmet Alic Agca, el hombre que atentó contra Juan Pablo II en 1981, abre un nuevo capítulo en torno al misterioso personaje






MADRID, España, ene. 10, 2006.- La inesperada decisión de la Justicia turca de ordenar la puesta en libertad del terrorista Mehmet Ali Agca, que el 13 de mayo de 1981 atentó contra Juan Pablo II, añade un capítulo singular más a la historia de un personaje dotado de un desmedido afán de protagonismo.

Agca se ha visto favorecido en esa estrategia por las distintas versiones que han circulado acerca de si actuó en solitario o fue el brazo ejecutor de un complot para asesinar a Karol Wojtyla.

Tres investigaciones, dos juicios, un solo condenado y muchos puntos sin aclarar, como la supuesta implicación de los servicios secretos búlgaros (la llamada "pista búlgara") y soviéticos, componen un caso que más de 24 años después sigue originando sorpresas.

Ali Agca no es ajeno a la confusión. Es más, ha contribuido permanentemente a ella, con versiones contradictorias y anuncios de que iba a contar la verdad de los hechos.

El último de estos anuncios lo hizo el pasado julio, en una entrevista con un semanario búlgaro, al señalar que estaba escribiendo un libro en el que diría "toda la verdad" sobre lo ocurrido en la plaza de San Pedro el 13 de mayo de 1981.

Anteriormente, el 31 de marzo, dos días antes de la muerte de Juan Pablo II y en una entrevista con el diario italiano "La Repubblica", Agca admitió que mintió en varias ocasiones con sus distintas y contradictorias versiones.

Entre las "mentiras", se puede citar su confirmación inicial en el verano de 1982 de la tesis de la periodista Claire Sterling, publicada en la revista estadounidense "Reader's Digest" acerca de que había actuado instigado por los servicios secretos búlgaros y soviéticos.

Ya condenado a cadena perpetua, Agca también relacionó con el atentado a la organización terrorista ultraderechista turca de los "Lobos Grises", a la que había pertenecido.

Más adelante renegó de sus palabras y llegó a decir que la "pista búlgara" había sido un invento suyo, pero nunca dejó de atribuir a razones místicas la "orden" que recibió para atentar contra Juan Pablo II.

Agca no tuvo reparos en afirmar que el atentado fue "decidido" por "Dios santísimo" y en ligarlo al tercer secreto de Fátima, según escribió en una carta enviada en mayo de 1996 al ex secretario de Estado vaticano cardenal Agostino Casaroli.

El Vaticano siempre ha insistido en que el atentado no se produjo por casualidad y nunca ha querido considerarlo un caso archivado.

“UN PLAN MISTERIOSO”

El diario de la Santa Sede "L'Osservatore Romano" recordaba el 12 de mayo de 2003 que para muchos Juan Pablo II era un Pontífice "molesto" y de ahí el deseo de eliminarle.

Tres años antes, Agca había trasladado a su abogada, Marina Magistrelli, la certeza de que había sido "un instrumento inconsciente de un plan misterioso".

Lo hizo después de que el cardenal secretario de Estado, Angelo Sodano, anunciara la pronta revelación del tercer secreto de Fátima, que el Vaticano difundió el 26 de junio de 2000.

En uno de los párrafos del texto redactado por la vidente Lucía dos Santos se habla de un "obispo vestido de blanco" que muere a manos de "un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de armas de fuego y flechas".

Los "misterios de Fátima" intrigaban mucho a Ali Agca, que en la la famosa visita que Juan Pablo II le hace el 27 de diciembre de 1983 en la prisión romana de Rebibbia, le pregunta qué es el tercer secreto de Fátima.

Posteriormente trascendió que también le preguntó al Papa por qué no había muerto, ya que él era un buen tirador y le apuntó al pecho para matarle y que Juan Pablo II le respondió que había sobrevivido "porque usted no tuvo en cuenta a la Virgen de Fátima".

Ese 13 de mayo de 1981 Karol Wojtyla llevaba colgada al cuello la medalla de la Virgen de Fátima, que le permitió repetir en adelante que una mano disparó -la del turco- y otra -la de la Virgen- desvió la bala y le salvó la vida.

La "mano que disparó" pertenecía a un joven de 22 años que había huido en noviembre de 1979 de la justicia turca tras una sentencia a muerte por el asesinato del periodista Abdi Ipekci, director del diario liberal "Milliyet".

En su fuga, Ali Agca pasó primero por Bulgaria y luego viajó a Alemania, Italia, Suiza, España y Túnez, antes de presentarse en la plaza de San Pedro, armado de una pistola "Browning" de nueve milímetros.

Había pasado dos semanas de vacaciones en la ciudad española de Palma reflexionando sobre si se suicidaba o atentaba contra Juan Pablo II.

Agca viajó con sus obsesiones a Palma entre el 24 y el 25 de abril de 1981 y regresó el 9 de mayo a Roma, donde, al pasar el control de metales en el aeropuerto, suena la alarma. Momentos de "fuerte ansia". Le registran, pero todo se aclara: era un cortauñas.

Está decidido a atentar contra el Papa y abriga, además, el deseo de ser "linchado por los cristianos en el corazón del Cristianismo, delante del mundo, para arrojar sobre el Cristianismo una vergüenza eterna".

Agca anula un primer intento de atentado porque el Papa le da la espalda cuando pasa a su altura en el automóvil descubierto. "De forma imprevista, renuncio, sí, renuncio al atentado". Cuando se aleja, oye que la gente vuelve a gritar "Papa, Papa, Papa". Es el Pontífice que retorna en su segunda vuelta a la plaza. Juan Pablo II coge una niña en brazos. Agca espera a que la suelte y dispara.

"No pienso en huir. Deben lincharme. No, debo suicidarme. Rápidamente apunto la pistola a mi corazón, aprieto el gatillo pero no funciona. Tiro la pistola. Alguien me sujeta....Grito a un policía "Kill me! Kill me! (Mátame, mátame). No me dispara... La Providencia ha ahorrado la vida tanto al Papa como a mí...Satanás ha fracasado en el Vaticano, fracasado misteriosamente".

En el bolsillo de Agca, tras su detención, se encontró una nota escrita en turco que decía: "Yo, Agca, he matado al Papa para que el mundo pueda saber que hay miles de víctimas del imperialismo".

A sus 48 años, Ali Agca se dispone a salir de prisión y, seguramente, volverá a contar de nuevo "su" verdad sobre el intento de asesinato de Karol Wotyla. ¿Renacerá la pista búlgara?.


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