Visite el sitio especial de Diálogos por México NUEVA YORK, Estados Unidos, jun. 27, 2006.- Se anticipa un verano de bichos y cadáveres en el Salón de las Ciencias de Nueva York, donde por estas fechas habitan sus galerías: gusanos, hormigas, moscas y cucarachas y una historia fabulosa que se entreteje recorriendo cada vitrina y panel interactivo de una nueva exhibición, sobre la añeja relación que sostienen los insectos con la investigación forense de crímenes y homicidios.
“Con la primera impresión que vienen, tienen el disgusto que cuerpos y todo esto, dicen no quiero saber, pero mientras van leyendo que es lo que hacen y cómo trabajan los insectos les atrae les gusta”, mencionó Emilio Bautista, portavoz del “Hall Of Science”.
La muestra informa que hay unas 500 especies de insectos carroña por ejemplo, contribuyen en investigaciones de muertes violentas y misteriosas, indicando el tiempo aproximado del deceso, si el cuerpo fue movido de lugar, si hubo abuso físico o si se usaron drogas o intoxicantes.
“Lo que van ellos más, es a la carnecita, la carnecita es lo que ellos comen, las cucarachas no, no casi mucho, pero tienen su digamos su parte también de descomposición”, dijo Emilio Bautista.
Para los que se estrenan en el tema, asombra conocer la historia de la entomología forense que nació en China en el siglo XIII, cuando un asesinato fue resuelto por los sabios del pueblo, convocando a que todos los sospechosos que pusieran sus hoces al Sol, de forma que las moscas atraídas por los rastros minúsculos de sangre y moléculas invisibles, identificaran el arma del homicida, así fue. Resulta también sorprendente saber que los insectos carroña elevan la temperatura de los cadáveres al devorarlos propiciando y asimilándose a su descomposición y putrefacción que toma un promedio de cinco días.
Lo fascinante de esta exhibición es que nos regala incluso a los niños que vienen a visitarla una mirada nueva y fresca hacia los insectos, predadores y nuestros propios cadáveres.