Visite el sitio especial de Diálogos por México CIUDAD DE MÉXICO, México, jun. 29, 2006.- Paulina estuvo al borde de la muerte, “yo empecé con anorexia a los 14 años, hubo tres meses en que sólo tomaba agua, tomaba mucha agua, y masticaba muchísimos chicles, aproximadamente unos 500 chicles al día, para quitarme la ansiedad, el hambre”.
Después de un año con anorexia, su obsesión por verse delgada la llevó a provocarse el vómito, a hacer ejercicio en exceso.
La llevó a la Bulimia, “es algo muy fuerte, muy fuerte el decirle a alguien, es que estoy gorda, ¿no me ves que estoy gorda? Y que esa persona te diga, no, estás bien”.
Después de más de 10 intentos de suicidio, una cirugía en el cerebro le salvó la vida.
“Es una cirugía de muy alta precisión, la más alta precisión que existe en la cirugía moderna, en la Tierra”, señaló Manuel Hernández Salazar, neurocirujano del Centro Médico Nacional 20 de noviembre.
Esta cirugía se realizó, hace meses, por primera vez en México. Para alcanzar la precisión necesaria, se coloca un anillo metálico en el cráneo del paciente.
Este anillo sirve para que un programa computarizado obtenga las coordenadas exactas de las zonas donde se debe atacar el problema.
Después con radiofrecuencias, se llega al sistema límbico, donde se controla el comportamiento de la persona.
“Se puede interrumpir su funcionamiento, desnaturalizando la zona donde actúan estas neuronas o estos núcleos celulares para que no haya relevo y para que no se continúen estos impulsos anormales”, añadió Manuel Hernández.
En México, entre uno y cuatro millones de personas en su mayoría mujeres, sufre de bulimia o anorexia.
Pero esta cirugía no es para todos los casos. En el Centro Médico 20 de Noviembre del ISSSTE un grupo interdisciplinario de especialistas evalúa y decide quién tiene una posibilidad.
“Lo que se le quita, como es una cirugía de síntomas, es el síntoma anormal, es esta compulsión por el alimento, eso es lo que se les quita”, declaró el neurocirujano del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre.
“Al principio como que se te va olvidando, se te olvida el vomitar y después ya, ya no hay necesidad de que vayas al vómito”, afirmó Paulina.
Y de ese olvido puede nacer el fin del principio de un suicidio pasivo.