WASHINGTON, Estados Unidos, nov. 2006.- La política comercial de Estados Unidos en América Latina, la reforma migratoria y la posición de Washington en una posible transición política en Cuba dependen de las elecciones legislativas del 7 de noviembre, según los expertos. Un Congreso con más voz demócrata, como predicen las encuestas, hará sentir su influencia en algunos temas concretos de interés para la región, pero no devolverá a América Latina la prominencia de la que disfrutaba en Washington antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre, de acuerdo con analistas.
"Nadie debería esperar cambios importantes. Nadie está prestando mucha atención a América Latina", dijo Peter Hakim, presidente del Diálogo Interamericano, un centro de estudios.
No hay más que ver las campañas electorales, que se centran en la situación en Irak y en la economía.
Aún así, el dominio de los demócratas en la Cámara Baja, algo probable, o el Senado, lo que está en el aire, tendría un impacto directo en el comercio con América Latina, dada su aversión a los acuerdos que ha negociado en los últimos seis años la administración del presidente de Estados Unidos, George W. Bush.
"Los demócratas son menos receptivos a tratados de libre comercio que no incluyan protecciones fuertes al medio ambiente y los derechos laborales", dijo Cynthia Arnson, directora del programa de América Latina del Centro Woodrow Wilson.
Para evitar los obstáculos que habitualmente ponen los demócratas en estos temas, la Casa Blanca intentará que el Congreso actual, controlado por los republicanos, apruebe hasta finales de año el pacto negociado con Perú, según Riordan Roett, director del departamento de América Latina de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS).
En enero asumirá la legislatura que resulte de las elecciones y será más difícil lograr el visto bueno al pacto de Perú, si aún está pendiente, y el de Colombia, que también necesita ratificación.
Hakim cree que los demócratas podrían forzar incluso una revisión de los textos.
En todo caso, el partido de la oposición desinflará el ansia de la Casa Blanca por negociar otros acuerdos en América Latina con la amenaza de su rechazo en el Congreso, según James Ferrer, director del departamento de América Latina de la Escuela Elliott de Estudios Internacionales.
Estados Unidos ha acordado iniciar conversaciones sobre un Acuerdo Marco de Comercio e Inversiones con Uruguay y sólo le restan un par de puntos conflictivos para cerrar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Panamá, mientras que sus negociaciones con Ecuador están en suspenso.
LA REFORMA MIGRATORIA, OTRO TEMA PENDIENTE
Si en comercio la victoria demócrata significaría congelación, en inmigración traería movimiento, aunque tampoco es para echar las campanas al vuelo, según los analistas.
El partido de la oposición es más proclive a apoyar un proyecto de reforma migratoria "integral" como el impulsado inicialmente por Bush que regularice a los 12 millones de inmigrantes indocumentados que residen en Estados Unidos, de acuerdo con Hakim.
Pero los demócratas no respaldan en bloque la tolerancia hacia los inmigrantes y el presidente del Diálogo Interamericano recordó que un gran número de ellos votó el mes pasado a favor de la ley que autorizó la construcción de un muro de algo más de mil 200 kilómetros de largo en la frontera con México.
Por ello, los trabajadores sin papeles no deberían ver un triunfo demócrata como un sinónimo de legalización a corto plazo. "El país todavía no se ha enfrentado a esta cuestión, no sabe lo que quiere hacer", opinó Ferrer.
Los analistas muestran menos consenso respecto a otro asunto de interés para América Latina: la política de Estados Unidos respecto a Cuba.
Ferrer cree que un Congreso demócrata podría relajar el embargo contra la isla y si Fidel Castro muriera en los próximos dos años aceptaría que su hermano Raúl se mantuviera en el poder, siempre que diese muestras de querer dirigir una transición hacia la democracia.
Sin embargo, Arnson descarta que los políticos de la oposición puedan ni quieran agitar el avispero de las relaciones entre Washington y La Habana.
En 2008 se celebrarán elecciones presidenciales en Estados Unidos y la tentación de lograr el voto de los cubanos exiliados en Florida convencerá a los demócratas, a su juicio, de no mostrar flexibilidad hacia Castro, la figura más odiada en la Calle 8 de Miami.