WASHINGTON, Estados Unidos, nov. 2006 .- La situación en Irak, que cada vez parece más empantanada, ha convertido las elecciones legislativas de Estados Unidos en un referéndum sobre la aceptación del presidente George W. Bush y su estrategia en el país árabe. Una encuesta divulgada por la cadena de televisión CNN indica que el 64 por ciento de los estadounidenses se opone al conflicto; la misma cifra que desaprueba cómo Bush ha gestionado la guerra. El 51 por ciento de los sondeados también cree que la oposición demócrata lo haría mejor.
Ello se ha reflejado en la popularidad de Bush, que a lo largo de este año se ha mantenido por debajo del 40 por ciento.
Hasta los propios estrategas republicanos reconocen que, para este partido, cualquier día que no se hable de Irak es un buen día para sus candidatos y para la Casa Blanca.
De hecho, durante la primera parte de la campaña electoral el presidente se centró en cuestiones como la seguridad nacional, que los republicanos consideran el punto fuerte de su programa, o la marcha de la economía.
Pero octubre ha representado un fuerte revés para ese planteamiento republicano. La estrategia ordenada por la Casa Blanca de enviar más tropas a Bagdad para estabilizar la situación ha fracasado y, en cambio, el mes que acaba de terminar se ha saldado con 103 muertos estadounidenses, el más mortífero en un año y el cuarto desde que comenzó la guerra en Irak.
El propio presidente se vio obligado, en una rueda de prensa el 25 de octubre, a admitir que "no está satisfecho" con la marcha de las cosas en el país árabe.
También se ha visto obligado a variar su retórica. Algunas de sus frases favoritas en el pasado sobre Irak, como "mantendremos el rumbo" han dado paso a palabras más humildes, como "adaptamos nuestra estrategia a la situación sobre el terreno".
Pero la situación en Irak le ha obligado, sobre todo, a variar su estrategia electoral.
Si en las elecciones legislativas de 2002, cuando gozaba de una aceptación por encima del 80 por ciento, los candidatos republicanos se lo disputaban para que compareciera junto a ellos y les ayudara a recaudar fondos, en estas últimas semanas Bush ha dado la impresión de un apestado político.
El presidente ha aparecido junto a pocos candidatos republicanos. Algunos de ellos se cuentan entre los más polémicos del partido, como el senador George Allen, de Virginia, contra las cuerdas por aplicar epítetos supuestamente racistas a un ayudante de su rival demócrata.
Otros candidatos republicanos, como el aspirante al Senado por Maryland Michael Steele, preguntados en televisión si "usted se presenta como un orgulloso republicano pro Bush", replican sucintamente que "soy un orgulloso republicano".
La Casa Blanca asegura que la ausencia de Bush hasta última hora en los actos electorales forma parte de una estrategia deliberada, que ha reservado al presidente hasta el último momento.
Remarca que Bush está dedicando cada día de la última semana de campaña a comparecer en actos electorales en favor de diversos candidatos republicanos, en estados como Montana, Iowa o Nevada antes de desplazarse a Crawford, Texas, para votar el martes.
Las encuestas apuntan a una victoria demócrata, espoleada sobre todo por el descontento popular en Irak.
Estos sondeos dan casi por seguro que los demócratas lograrán hacerse con el control de la Cámara de Representantes por primera vez desde 1994, para lo que necesitan arrebatar a los republicanos quince escaños. Para hacerse con el Senado, requieren quitarles seis asientos de los 33 que están en juego.
Pero en sus declaraciones de los últimos días, el presidente asegura que está convencido de la victoria republicana en estas elecciones, en las que se renueva un tercio del Senado y toda la Cámara de Representantes.
También se pronuncia en este sentido uno de sus principales asesores políticos, Karl Rove, su director de campaña en las presidenciales de 2004 y el hombre que sostuvo siempre que Bush sería el ganador de los comicios, pese a lo que indicaban entonces los sondeos a pie de urna.
En esta ocasión, Rove también asegura que sus datos dan a los republicanos como vencedores. Habrá que esperar a ver si Irak le da la razón.