En 2100 aumentará la temperatura del planeta



por: Agencia
Fuente: EFE




Hacia el año 2100, la temperatura del planeta aumentará entre 1.4 y 5.8 grados, lo que traería consecuencias dramáticas para la Tierra



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MADRID, España, nov. 8, 2006.- Las predicciones elaboradas por expertos en medioambiente apuntan a que, hacia el año 2100, la temperatura media del planeta podría subir entre 1.4 y 5.8 grados, con consecuencias dramáticas para la vida en la Tierra.

La reunión de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y del Protocolo de Kyoto, se abrió en Nairobi con perspectivas escalofriantes sobre las consecuencias del calentamiento global.

Una de las principales consecuencias se refiere a la falta de acceso al agua potable. Más de 1000 millones de personas no tienen acceso al agua en la actualidad y se espera que su número se duplique para el año 2025 por el aumento de las sequías. La mayoría de esas personas vive en África, Asia Central y Oriente Medio. En los países en desarrollo, el 80 por ciento de las enfermedades, que causan la muerte a entre cuatro y siete millones de personas al año, están relacionadas con el agua.

Los expertos creen que el nivel global de producción agraria se mantendrá dentro de las expectativas en los próximos cien años, pero a nivel regional, el impacto del aumento de las temperaturas en este sector será fuerte.

África y América Latina serán los continentes más afectados. La disminución drástica de las cosechas impedirá a los agricultores producir o comprar alimentos suficientes para su manutención, y las sequías y las inundaciones, según los casos, podrían convertir a millones de seres humanos en refugiados.

Aunque en los polos del planeta se suavizarían las temperaturas, la ausencia de suelos adecuados seguiría siendo un problema para extender los cultivos.

El cambio climático alterará la estructura y funcionamiento de los ecosistemas con la consecuente pérdida de biodiversidad y de recursos naturales. Los expertos señalan que el impacto del cambio climático se ha dejado sentir ya en más de 400 ecosistemas.

La deforestación, la alteración de las rutas migratorias y los cambios en los patrones reproductivos son algunos de esos efectos. Se teme que la capacidad de absorción de carbono de los bosques, muy sensibles al cambio climático, disminuya con el tiempo y que dejen de funcionar como sumideros de carbono para transformarse en fuente de emisión de este gas.

Los arrecifes de coral son especialmente vulnerables a los cambios en la temperatura del agua y se calcula que un aumento de entre tres y cuatro grados causaría su muerte. Se trata del ecosistema marino de mayor biodiversidad y de gran importancia para la pesca, la protección de la costa, el control de la erosión y el turismo. Los glaciares, por otro lado, corren peligro de derretirse.

El cambio climático puede derivar en un aumento del riesgo de contraer enfermedades como la malaria, el dengue, la fiebre amarilla o encefalitis. También aumentará el riesgo de contraer salmonelosis, cólera y otras enfermedades de transmisión por el alimento o el agua.

Además, se teme que miles de personas mueran anualmente como consecuencia de las olas de calor. El descenso de la productividad agraria agravará asimismo la desnutrición, que en la actualidad ya afecta a 800 millones de personas.

En los últimos 100 años el nivel medio del mar ha subido de 10 a 25 centímetros y se cree que es debido, en gran parte, a un aumento de las temperaturas de entre 0.3 y 0.6 grados desde 1860. Las previsiones apuntan a un incremento de entre 15 y 95 centímetros de aquí al 2100, cinco veces más rápido que en los últimos cien años.

El aumento del nivel del mar afectará sobre todo a las islas y sitios costeros y puede tener impactos negativos en los asentamientos humanos (desplazamientos), el turismo, suministro de agua, pesca, infraestructura, tierras agrícolas y humedales.

Por otra parte, la entrada de aguas saladas reducirá la calidad y cantidad de fuentes de agua potable. El aumento del nivel del mar también propicia la formación de maremotos, así como el aumento de las inundaciones, que cada año padecen cerca de 50 millones de personas, aunque la cifra se duplicaría con un aumento de 50 centímetros en el nivel del mar.

Normalmente los cambios se han producido a lo largo de miles de años, lo que ha posibilitado que la vida en el planeta se adapte a ellos, pero en el último siglo, como consecuencia de la industrialización en el mundo desarrollado, las variaciones están ocurriendo a una velocidad sin precedentes.

De forma natural, el dióxido de carbono y otros gases como el metano y el óxido nitroso forman una capa en la atmósfera que retiene el calor en la Tierra e impide que éste regrese al espacio, lo que haría del planeta un lugar frío y yermo en el que sería imposible la vida tal y como la conocemos.

Pero la industrialización y, en particular, la combustión de cantidades cada vez mayores de petróleo, gasolina y carbón, la tala de bosques y algunos métodos de explotación agrícola han aumentado el volumen de dichos gases que es liberado a la atmósfera.

Según la secretaría de la Convención sobre Cambio Climático, el mundo industrializado ha conseguido que la concentración de estos gases haya aumentado un 30 por ciento desde el siglo pasado, cuando, sin la actuación humana, la naturaleza se encargaba de equilibrar las emisiones.

Esta elevada concentración hace que la capa de gases sea "más gruesa", por lo que retiene más el calor y los rayos infrarrojos del sol, y, actuando del mismo modo que lo hace un invernadero, hace subir las temperaturas.

Si las emisiones continúan creciendo al ritmo actual, es casi seguro que a lo largo del siglo XXI los niveles del dióxido de carbono atmosférico serán casi el doble de los registrados en la era pre-industrial y es posible, incluso, que se tripliquen.

Según la mayoría de los científicos, el cambio climático o calentamiento terrestre ya ha comenzado a producirse y ven, como prueba de ello, un mayor registro de ciclones, huracanes, inundaciones y sequías.

También han constatado que las temperaturas del aire ártico aumentaron cinco grados centígrados durante el siglo pasado, las cubiertas de nieve disminuyeron un 10 por ciento desde los años 60, y cuencas hidrográficas, como las de los ríos Níger y Senegal o el lago Chad, bajaron entre un 40 y un 60 por ciento.

Las consecuencias que se predicen varían en grado y van desde impactos significativos a otros catastróficos. El nivel del mar puede subir entre nueve y 88 centímetros, los episodios meteorológicos extremos pueden incrementarse, los rendimientos agrícolas, especialmente en zonas que dependen sólo de las lluvias, como África Subsahariana, pueden disminuir, con lo que aumentaría la malnutrición y la posibilidad de hambrunas.

Además, se predice una reducción en la calidad de los suministros de agua dulce como consecuencia de la intrusión de agua salada por la subida del nivel del mar, y la desaparición de la mayor parte de las especies en peligro del mundo, ya que los hábitats cambiarán tan rápido que muchas no podrán adaptarse a tiempo.

La subida de las temperaturas supondrá que insectos como el mosquito, que transmite la malaria, enfermedad que mata a tres mil niños al día en África Subsahariana, podrán vivir en altitudes superiores, extendiendo la enfermedad a zonas donde actualmente no existe.

Los efectos del calentamiento humano variarán también según los países: los más industrializados, causantes de la mayoría de la emanación de gases que producen el denominado "efecto invernadero", están mejor preparados para afrontar cambios rápidos.

Pero los más pobres, pese a no haber contribuido apenas al fenómeno, serán los que sufrirán las peores consecuencias, al carecer de recursos para hacer frente a las inundaciones, sequías y las enfermedades.



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