CIUDAD DE MÉXICO, México, nov. 20, 2006.- Es común decir que estamos estresados, sobretodo si de asuntos de trabajo se trata. El estrés laboral es costoso independientemente del asunto de la salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 490 millones de personas sufren de neurosis y estrés. En cuanto al estrés laboral se da principalmente entre los 25 y los 40 años, de igual manera en hombres que en mujeres.
Las pérdidas económicas por ésta condición podrían disminuir, si cada empresa realizara un estudio preventivo de los agentes que lo provocan y pusieran en práctica estrategias para manejar el estrés en la organización.
De los condiciones negativas más recurrentes que se viven con el estrés, son trabajar a marchas forzadas y con plazos ajustados, no se pueden ordenar tareas, ni decidir sobre el ritmo de trabajo, las tareas monótonas y la imposibilidad de rotación en otros puestos.
El jefe debe observar ciertas cosas para que su personal sea más eficiente, productivo, preguntarse en que condiciones lo está realizando, por ejemplo, si es adecuada la iluminación, el entorno acústico y confort térmico, con qué equipo y mobiliario está trabajando, si se le facilita la información que necesita.
Por otro lado, la búsqueda de una mayor productividad, calidad y la competitividad excesiva son razones que llevan a exigir más al empleado generándole una carga de trabajo, es como decir, hablando en términos coloquiales, estamos “hasta el cuello de chamba”.
Pero otros argumentan que nuestra cultura social y laboral no acepta seres débiles ni vulnerables, sino personas capaces de responder a las exigencias del consumismo y de imagen social por tanto, saber responder al trabajo bajo presión, resulta un factor positivo, aunque sea en perjuicio del bienestar humano.