CIUDAD DE MÉXICO, México, ene. 15, 2007.- El seco sonido del arpón es el anuncio de una muerte segura. El mar se tiñe de rojo y unos segundos después aparece la víctima.
Así es la temporada de caza de ballenas en la Antártida.
Ahí los paisajes son visualmente deliciosos. Contrastan con la actividad de embarcaciones japonesas que se dedican a la caza de ballenas, en lo particular de una especie que es la segunda más grande del planeta.
Hasta estas aguas del fin del mundo llegaron dos barcos de Greenpeace para enfrentarse a las embarcaciones japonesas de tú a tú durante la pasada temporada de cacería de ballenas.
“La campaña en esa zona es muy difícil, ya que son barcos-factoría de Japón, que van a cazar ballenas directamente al océano sur y bueno, estuvieron los dos barcos, ambos son rompehielos; estuvieron ahí un mes”, señaló Ruth Ramos, coordinadora de Acciones de Greenpeace México.
Fue una lucha sin cuartel entre los defensores de las ballenas y pescadores que con chorros de agua a presión trataron de impedir el abordaje de los activistas.
La lucha se prologó durante horas, con un frío de 20 grados bajo cero.
Finalmente algunos ecologistas lograron abordar un barco japonés para protestar pacíficamente.
“Son acciones siempre directas y no violentas, y sobretodo son para llamar la atención de una manera original sobretodo a la administración y a la opinión pública”, explicó por su parte Paloma Cornalejo, voluntaria de Greenpeace España.
Muchas de la maniobras de los activistas fueron peligrosas porque en su afán de proteger a las ballenas realizaron acciones suicidas.
“Para ir a una acción de estas de Greenpeace, como las de la Antártida, tienes que estar física y mentalmente preparado y es decisión tuya decir voy a poner mi vida, me voy a arriesgar para conseguir, para que no se sigan cazando ballenas en la Antártida, para que se declare un santuario ballenero, bueno ya está, pero que Japón lo respete”, agregó Paloma Cornalejo.
Frank es el capitán del barco Esperanza. El más grande de los dos que participaron en estas acciones que se realizaron en el marco de la campaña mundial "En Defensa de Nuestros Oceanos".
Aseguró que la lucha contra los japoneses fue difícil y apuntó que hubo momentos en que temió por la integridad de su tripulación.
“Estuvimos cerca de un arpón que nos pasó a un metro de distancia y estamos interponiéndonos constantemente entre el arpón y la ballena, y el arpón lleva una carga explosiva en la punta. Entonces, sí ha habido situaciones de peligro”, subrayó Frank Kamp, capitán del barco Esperanza.
Greenpeace señaló que a pesar de que se declaró una moratoria mundial sobre la cacería de ballenas, embarcaciones japonesas las siguen cazando argumentando que se trata de un programa de investigación científica.