A Frei Galvao se le describe como un hombre de continua oración .
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por: Agencia
Fuente: EFE







El sacerdote brasileño Frei Galvao es elevado a los altares; al primer santo brasileño se le atribuye el milagro de sanar a enfermos con 'píldoras curativas'



SAO PAULO, Brasil, mayo 11, 2007.- Antonio Galvao, el beato canonizado este viernes en Sao Paulo por el Papa Benedicto XVI, fue un hombre devoto que dedicó su vida a ayudar a enfermos y menesterosos, y que dos siglos después de desarrollar su obra se ha convertido en el primer santo brasileño.

El pontífice canonizó al beato, más conocido como Frei Galvao, en una multitudinaria misa en el aeródromo Campo de Marte de Sao Paulo, en su tercer día de visita a Brasil.

El primer santo brasileño nació en 1739 en Guaratinguetá, municipio del estado de Sao Paulo, en el seno de una familia acomodada y profundamente cristiana.

Fue presbítero de la Orden de los Frailes Menores Alcantarinos o Descalzos, y en vida se le atribuyeron varios milagros relacionados con la curación de embarazadas y personas con problemas renales.

Tomó el nombre religioso de Antonio de Santa Ana Galvao y de 1752 a 1756 estudió en el Colegio de Belén, de los padres jesuitas, en Salvador, capital del estado de Bahía, en el noreste de Brasil, junto con su hermano José.

Estuvo a punto de ingresar en la Compañía de Jesús pero su padre, preocupado por el clima antijesuita de la época, promovido por el gobierno portugués del Marqués de Pombal, prefirió que ingresase en la Orden de Menores Descalzos de la Reforma de San Pedro de Alcántara.

Con 21 años entró para el noviciado en el Convento de Sao Boaventura, en Vila de Macacu (Río de Janeiro), con lo que renunció a un futuro influyente en la sociedad.

El 16 de abril de 1761 pronunció sus votos solemnes; un año después fue ordenado sacerdote y se trasladó al Convento de San Francisco, en Sao Paulo, donde continuó con sus estudios de filosofía y teología.

“HIJO Y ESCLAVO PERPETUO”

Su vida estuvo marcada por la fidelidad al sacerdocio franciscano, así como por su devoción y dedicación a la Inmaculada Concepción, como "hijo y esclavo perpetuo", según escribió el 9 de noviembre de 1766 en una consagración mariana.

En 1774 fundó la congregación del "Recolhimento de Nossa Senhora da Conceicao da Divina Providencia", institución clausurada por orden de la Capitanía General de Sao Paulo, y posteriormente reabierta gracias a la presión popular.

Además, fundó y ayudó a construir en Sao Paulo el Monasterio de la Luz en 1774, actualmente Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

En 1798, el Senado de Sao Paulo lo definió como "hombre de paz y caridad", porque era conocido como consejero y confesor, que aliviaba y curaba a los enfermos y a los pobres en viajes que realizaba a pie por la Capitanía de Sao Paulo e incluso por Río de Janeiro.

En 1811, el religioso fundó el Monasterio de Santa Clara en la ciudad paulista de Sorocaba, donde permaneció durante once meses para encaminar la nueva fundación y la comunidad.

En los documentos que se conservan de la época de Frei Galvao se le describe como un hombre de continua oración y del que se atestiguan fenómenos místicos, como éxtasis, levitación y bilocación.

Cuando no pudo asistir a los enfermos, Frei Galvão comenzó a escribir en un papel una oración a la Virgen María en latín, que enrollado en forma de píldora, se colocaba en la lengua de éstos y de mujeres embarazadas para lograr la curación o para ayudar en el parto.

Desde entonces, esas "píldoras", a las que se atribuyen poderes milagrosos, se distribuyen gratuitamente a las personas necesitadas en el Monasterio de la Luz y en el santuario mariano de Aparecida, entre otros lugares de la región.

Frei Galvao falleció en 1822 y por petición de sus seguidores y de las hermanas de la Luz fue sepultado en el Monasterio de la Luz, que se convirtió en un lugar de peregrinación.

En 1998 fue beatificado por Juan Pablo II, al atribuirle la curación de una niña de cuatro años que sufría "insuficiencia hepática fulminante".

Brasil, el país con mayor número de católicos del mundo, no tenía hasta hoy un santo nativo, pues la Madre Paulina, canonizada en 2002 por el Papa Juan Pablo II, y considerada brasileña porque vivió y desarrolló su obra en el sur del país, nació en Trento (Italia).


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