CIUDAD DEL VATICANO, Vaticano, abr. 2, 2005.- Amanece en Roma, tras una larga noche. Ya es domingo en el Vaticano y el mundo sigue tratando de asimilar la muerte de Juan Pablo II. El Papa murió este sábado a las 9:37 de la noche tiempo de Roma, en su apartamento del palacio apostólico en El Vaticano. Eran las 13:37 horas, tiempo de México, y entonces vino el anuncio.
“El Santo Padre Juan Pablo II ha fallecido esta noche a las 9:37, en su apartamento privado, a las 8:00 de esta tarde había iniciando la celebración de la Santa Misa, durante la cual se había administrado a Juan Pablo II el Santo Viático, de nuevo la unción de los enfermos”, informó Joaquín Navarro Valls, portavoz de El Vaticano.
Han pasado nueves horas y algunos fieles permanecen en la Plaza de San Pedro recordando a Su Santidad.
Los últimos dos meses se convirtieron en un martirio para Juan Pablo II, su salud ya no resistía más.
El 2 de febrero fue hospitalizado, debido a una crisis respiratoria. Pasó nueve días internado.
El 10 de febrero fue dado de alta y regresó al Vaticano en medio de vítores. El jueves 24 de febrero, el Papa sufrió una nueva recaída y otra vez fue hospitalizado, esta vez por 18 días.
El 13 de marzo, antes de abandonar el hospital, el Papa dirigió algunas palabras desde la ventana de su habitación.
El Domingo de Ramos el Papa reapareció en el balcón de su estudio privado en El Vaticano, pero, esta vez, el mundo vio su dolor, su frustración y su sufrimiento. Su salud estaba cada vez más deteriorada.
Por primera vez en 26 años de pontificado, el Papa no presidió los ritos de Semana Santa. Apenas el miércoles pasado, había salido al balcón para saludar a los miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, intentó hablar, pero no pudo. Esa sería su última aparición pública.
Las horas siguientes fueron de agonía.
El 31 de marzo, El Vaticano informó al mundo que la salud de Su Santidad había empeorado en cuestión de horas. Se reportó que sufría de fiebre muy alta, provocada por una infección en las vías urinarias.
Una septicemia le provocó después un colapso cardio-circulatorio.
Finalmente, los días difíciles para el Papa terminaron este sábado.