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La atención a la salud en las cárceles mexicanas
Presos del dolor
por: Óscar Hernández
Fuente: Noticieros Televisa
Es un secreto a voces... En la gran mayoría de las cárceles mexicanas es más fácil conseguir drogas que medicinas.

“Por eso nosotros les decimos, con el perdón, "servicios mendigos", porque no atienden para nada. Decimos muchas veces que no curan ni un pulque”, comenta un preso preliberado.

Argumentos para explicar los porques de esta realidad hay varios.

“Los presupuestos que se asignan a las prisiones son verdaderamente ridículos”, señala Elena Azaola investigadora del CIESI.

“Debemos entender y ubicar que todos los servicios de salud y estamos hablando no sólo de los servicios de salud del Distrito Federal, del país, viven un momento de crisis general”, expresa Ricardo Barreiro, funcionario de la Secretaría de Salud del GDF.

En México funcionan 447 prisiones, cinco dependen del Gobierno Federal, 335 son administradas por gobiernos estatales, ocho por el gobierno del Distrito Federal y 99 por ayuntamientos.

En ellas la medicina preventiva no existe.

Pocas cuentan con consultorios y médicos de planta... Los medicamentos nunca son suficientes y en ocasiones, cuando hay, ya caducaron.

Este es el caso de las cárceles federales.

“Recibimos quejas en relación con la atención médica, a veces porque no hay el material adecuado para practicar alguna cirugía o no existe el medicamento idóneo para tratar algún padecimiento”, dice José Antonio Bernal, tercer visitador de la CNDH.

Las cárceles estatales no están mejor.

“En muchas ocasiones los internos tienen que conseguir los medicamentos con la receta que el médico les extiende, ya sea con sus familiares o ellos mismos encargarla a alguna otra persona, porque no existe abasto suficiente de medicamentos”, destaca el funcionario de la CNDH .

Las deficiencias mÁs graves se observan en las cárceles municipales.

En la cárcel de Tenosique, Tabasco la mayoría de los medicamentos están caducas.

En la cárcel de Acapetagua, en Chiapas, el médico sólo extiende recetas. Los internos o sus familiares tienen que comprar los medicamentos.

En la penitenciaria local de Oaxaca los presos tienen que pagar 28 pesos para recibir una consulta en el hospital civil... Si no cubren la cuota no se les da el servicio.

Las cárceles del Distrito Federal no son ajenas a esta problemática. Los días de visita es fácil escuchar testimonios como estos:

“Mi hermano sufre de hipoglucemia y enfermedad muy fuerte en la garganta... ¿Le dan algún medicamento aquí?... No, aquí no se lo proporcionan, ni nos lo dejan pasar tampoco.”

“Nosotros hemos procurado en los centros de reclusión garantizar un mejor nivel de calidad de servicios, garantizar el abasto, tanto de medicamentos como de insumos, porque sabemos de la sensibilidad que estos plantea”, afirma Ricardo Barreiro, Secretaría de Salud del GDF.

Otra historia:

“Es mi hijo, o sea, el padece desde niño de los bronquios, pero ahorita tiene ya demasiada tos, mucha tos y flema y no me le dan ni una pastillita.

La mayoría de las veces, la mordida es la única opción para internos y familiares.

“La idea es mejorar la calidad y la calidez, dignificar los servicios que el interno-paciente, insisto, encuentre este espacio como un espacio humano en este mundo tan complejo, como es el mundo de la reclusión”, destaca Ricardo Barreiro, funcionario de la Secretaría de Salud del GDF.

En las cárceles mexicanas no se sabe a ciencia cierta cuantos internos están enfermos y cuáles son los padecimientos que los aquejan.

“No, no existe un censo, ni por parte de la Secretaría de Salud, ni por parte de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, ni tampoco por parte de los gobiernos estatales en sus respectivas entidades federativas”, dice osé Antonio Bernal, Tercer Visitador General de la CNDH.

Lo que si se sabe es que junto con las mujeres, quienes padecen enfermedades crónicas o afecciones mentales, son los que más sufren en prisión.

“Pocas veces esta población protesta o se amotina o representan un riesgo para la seguridad de las prisiones y esto hace que muchas veces sus demandas, sus peticiones sean también ignoradas o muy poco atendidas”, afirma Elena Azaola, investigadora del CIESI.

Para la Comisión Nacional de Derechos Humanos, esta es la calificación que obtienen las cárceles que integran el Sistema Penitenciario Mexicano, en materia de servicios de salud:

“Pues en ocasiones podría llegar a cinco, pero en la mayoría de los casos no llegaría a tres”. Las autoridades federales consultadas sobre este tema, rechazaron hacer comentarios.


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