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Los Reporteros
Cementerio de agua
por: Leonardo Ferrera
Fuente: Noticieros Televisa

El Lago de Guadalupe, una de las reservas ecológicas más importantes del Valle de México, está convertido en un tiradero clandestino de aguas negras

CUAUTITLÁN IZCALLI, México, jul. 20, 2004.- Más de cuatro toneladas de peces muertos flotando entre la basura.

“Son tiraderos clandestinos sobre los mismos afluentes que obviamente en temporada de lluvia toda esta agua baja y viene a parar al Lago de Guadalupe”, expresó Mónica Vulling, directora de Ecología del municipios de Cuautitlán Izcalli, estado de México.

Ubicado a sólo 20 kilómetros de la ciudad de México, en el municipio Cuautitlán Izcalli, el Lago de Guadalupe es una de las reservas ecológicas más grandes e importantes del Valle de México. Tiene una superficie mayor a 300 hectáreas de agua.

Este lugar, considerado como un paraíso de aves y de peces, se está convirtiendo en un gigantesco depósito de aguas negras y destrucción.

Aquí encontramos enormes descargas de aguas negras que provienen de los municipios de Cuautitlán, Nicolás Romero y Atizapán.

Esta agua se juntó con toneladas de basura que arrastran varios ríos del estado de México.

“Hay más de 6 mil 500 metros cúbicos de basura en tiraderos y sitios clandestinos a lo largo de los ríos”, agregó Vulling.

Todo desemboca al Lago de Guadalupe, donde el pasado martes 1 de junio, murieron miles de carpas y truchas, algunas con estallamiento de víceras, a pesar de tener pocas horas de muertas.

“Hay una gran variedad de químicos que pueden originar esta situación”, señaló Vulling.

La Facultad de Estudios Superiores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en Cuautitlán Izcalli, analizó muestras de agua y peces muertos.

“Las lesiones se concentraron, principalmente, en el hígado. Las lesiones eran muy compatibles con presencia de agentes tóxicos, pueden ser por contaminación a través de cañerías, contaminación agrícola, por el uso de fertilizantes, pesticidas, también deshechos industriales”, indicó Lucia García, investigadora de la FES-UNAM.

Representantes vecinales del Lago de Guadalupe dejaron al descubierto otra historia.

“Hay mucha gente que tiene sus negocios clandestinos en sus casas”, aseguró Claris de Rodríguez, de la Asociación de Colonos de Lago de Guadalupe.

Negocios aledaños al lago que fabrican productos químicos y que de acuerdo a varias denuncias contribuyen a la contaminación del agua.

“Van varias veces que se da la muerte masiva de peces, los sacaron por toneladas, no es posible que las autoridades no tomen cartas en el asunto”, comentó Rosalía Zuccoli, presidenta de la Asociación de Colonos Lago de Guadalupe.

Nos mostraron un suplemento de estos negocios clandestinos en la calle Campestre del Lago, número 4, donde vive un ingeniero químico.

“El señor Roberto Espinosa tiene atrás un laboratorio clandestino y tiene como 40 o 50 perros que supuestamente usa los orines de los perros para hacer cosas de limpieza y los vecinos, los colonos de aquí, dicen que los está vertiendo en el agua en la noche a la 1:00 o 2:00 de la madrugada”, advirtió Claris de Rodríguez.

Desde la calle observamos varios tambos con capacidad de 200 litros en un garage del señor Roberto Espinosa quien en ese momento llegó a su casa.

Le dijimos que investigamos una denuncia vecinal en su contra, se negó a mostrarnos su casa, a través de una reja vimos decenas de perros que según nos dijo eran sus mascotas. Tampoco nos permitió grabar los tambos.

Roberto Espinosa negó que estuviera haciendo mal uso de los productos.

“Yo tengo una carta de ecología firmada bajo protesta de decir la verdad en esos términos que yo no vierto nada al lago”, aseguró Espinosa.

La carta fue dirigida al entonces director de Ecología de Cuautitlán Izcalli, Héctor Baldenero, quien a su vez, destinó la denuncia a los vecinos al informar en otro escrito que los productos químicos que fabrica el señor Roberto Espinosa no afectaban el medio ambiente. Productos como detergentes, desinfectantes y aromatizantes que de acuerdo a las normas ambientales son uno de los principales agentes que contaminan el aire, el agua y la tierra.

“Aparte, esta persona, el señor Espinosa, es integrante del Consejo de Participación Ciudadana como cosa curiosa y parece que con eso no le hacen nada ni pasa nada”, comentó Rosalía Zuccoli.

A pesar de la falta de apoyo, los vecinos buscaron más pruebas, grabaron un camión que descargaba productos químicos en los alrededores del Lago de Guadalupe. Lo siguieron y el camión con razón social “Negociación Alvi” se detuvo en la casa del señor Roberto Espinosa. Una mujer que aparentemente vigilaba la zona se percató de la cámara y fue corriendo a dar aviso.

Sin embargo, este video tampoco fue una prueba válida para las autoridades de Ecología.

La muerte de peces en el Lago de Guadalupe no es un hecho aislado, tan sólo en lo que va del 2004, han ocurrido varios ecocidios por contaminación en aguas mexicanas.

El 19 de enero, más de 100 delfines quedaron varados en una playa de Sonora. Según especialistas, la muerte se debió a un producto químico que arrojan narcotraficantes en el mar para iluminar rutas.

El 27 de enero, un derrame de combustible ocasionó la muerte de miles de peces en una laguna de Tabasco.

También, el 27 de enero, las descargas de aguas negras provocaron la muerte masiva de peces en parque ecológico de Aguascalientes.

El 29 de febrero, el río Atoyan en Oaxaca se convirtió en otro lecho de muerte.

El 13 de abril, ocurrió otra tragedia ecológica en una presa de Aguascalientes.

El 7 de mayo, miles de peces murieron en el río Actopan en Veracruz.

El caso más reciente fue en el Lago de Guadalupe, Estado de México.

“Ya se acabó todo esto, ya no es como antes”, insistió Aurora González, vecina del Lago de Guadalupe.

Pero... ¿cuántas tragedias ambientales faltan?

“Es un asunto muy serio”, reconoció José Luis Luege Tamargo, procurador federal de Protección al Ambiente (Profepa).

¿Cuántos mares, ríos y lagos se convertirán en cementerios de agua?

“Lamentablemente es la ausencia de una cultura del agua”, concluyó Luege Tamargo.

El tiempo se agota, aún estamos a tiempo de forjar una mejor conciencia, aún estamos a tiempo de salvar nuestras aguas.



Un trabajador remueve los peces muertos en el Lago de Guadalupe. Foto: AP

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