CIUDAD DE MÉXICO, México, ago. 3, 2004.- Detrás de todo esfuerzo de rescate hay un gran héroe que pocos conocen. Su olfato es 200 veces mayor que el de un ser humano. Esta cualidad lo convierte en un elemento indispensable para las fuerzas armadas principalmente en casos de desastres.
“Este es un complemento del Plan DN-III para rescatar a las personas que se encuentran debajo de los escombros, inclusive, ahogados. Prácticamente al año y medio ya tenemos nosotros los perros adiestrados”, señaló el general Carlos Enrique Adam, comandante de la Policía Militar del Ejército Mexicano.
Es la primera vez que el Ejército Mexicano da a conocer sus centros de reproducción y adiestramiento para perros.
Nuestro recorrido inició en el Campo Militar número 37, en San Miguel de los Jagueyes, Estado de México (Edomex). Aquí se encuentra el área de reproducción canina más grande de Latinoamérica.
Sus instalaciones tienen modernas salas de operación, equipos de rayos X y ultrasonido.
Ingresamos al edificio de “Maternidad”, cada hembra tiene una camada de seis cachorros dos veces al año.
Los cachorros salen a los asoleaderos de la maternidad para ejercitarse a los 15 días de nacidos comenta el mayor Ramón Torres Marban, del Centro de Producción Canina del Ejército Mexicano.
A partir de ese momento inicia su periodo de entrenamiento con pelotas y trapos.
Antes de ser enviados a otro centro, se les inserta un microchip para su localización vía satélite en caso de robo o extravío; se les inserta en el músculo trapecio, que es a la altura de la cruz.
Después continúan su preparación en el Centro de Adiestramiento Canino del Ejército (CACEM) en el Campo Militar de “Santa Lucía”, Estado de México.
“A partir de los cuatro meses de edad, son recibidos y permanecen aquí ocho meses”, comenta el teniente Óscar Félix Sosa Mota, del CACEM.
Pasan por diferentes etapas, una de ellas es la “Sociabilización”, la cual consiste que desde que son recibidos, cada perro tiene su adiestrador y así se conforma el binomio hombre-perro.
“Aquí no existe ningún castigo físico, el único castigo en el perro es por medio de no darles su premio como retenerles su juguete”, explica el teniente Sosa Mota.
Aprenden a obedecer jugando.
La siguiente etapa es la “Obediencia básica y avanzada”, en donde el perro se acostumbra a salvar diversos obstáculos en espacio reducidos, ya que en casos reales se han enfrentado y los perros se han podido desplazar sin ningún problema.
También aprenden a sentarse, acostarse, rodar en el suelo, recuperar objetos y dar la mano.
Al terminar la prueba, se les premia con trapos o pelotas los cuales ya contienen aromas químicos, no tóxicos.
“Los vamos seleccionando a partir de esta etapa para encaminarlos a las diferentes especialidades”, relata el teniente Sosa Mota.
Cada perro tiene preferencia por un determinado aroma.
“Como el pseudo-aroma de cadáver putrefacto, el cual con esto nosotros inducimos a los perros a realizar la búsqueda de personas muertas, también tenemos el aroma de cadáver fresco.
El topper fue colocado bajo unos ladrillos.
El olfato de estos perros puede superar los cinco metros bajo tierra.
El Ejército Mexicano permitió a Noticieros Televisa hacer nuestro propio experimento. Hay otro desastre natural simulado, es una casa que pudo haber quedado destrozada por un terremoto o un huracán. La víctima fue un sobreviviente, por lo que le pedimos a nuestro asistente de cámara, Juan Lechuga, esconderse en el lugar. Al azar, elegimos a un perro y a nuestro compañero Juan, lo cubrimos perfectamente.
Para estos canes, cada búsqueda significa un juego.
“El perro tiene en mente que la persona que está escondida tiene su juguete, él no piensa que es un muerto, sabe que su juguete está impregnado de un aroma característico al cual nosotros acostumbramos”, subrayó Félix Sosa.
Para este ejercicio elegimos a un rottweiler. Un militar lo incitó a buscar el aroma de un vivo. Directamente se dirigió a la construcción donde estaba oculto Juan. Tardó 20 segundos en encontrarlo.
No quedamos satisfechos, seleccionamos otro perro de la raza pastor belga. A este perro le bastaron 18 segundos para descubrir nuestro escondite.
La “Búsqueda y Rescate” no es la única especialidad de estos animales.
“Adiestramos a los perros a detectar enervantes, también para detectar explosivos”, comentó Adam.
En el caso de los enervantes se utilizan químicos no tóxicos con aroma a heroína, marihuana y cocaína.
“No hay perros drogadictos, por eso se emplea este tipo de material”, comenta el general Enrique Adam.
En el caso de los explosivos se utilizan componentes reales. Aquí el perro es adiestrado a quedarse inmóvil cuando detecta un artefacto peligroso.
Las razas más usadas en los operativos son los perros pastor alemán, comentan oficiales que es una raza muy inteligente, un perro muy noble.
Otra raza es el pastor belga. Se adaptan a cualquier clima, muy resistentes a enfermedades y tienen una resistencia física excelente”, afirman los oficiales entrenadores.
Por último está el rottweiler. Los oficiales de entrenamiento afirman esta raza “popularmente ha sido mal juzgada de que es un perro muy agresivo, siendo esto negativo ya que es un perro muy noble, muy sociable y muy inteligente”.
Al concluir la etapa de especialización, los perros son enviados a las diferentes células militares a nivel nacional.
Por lo tanto, los perro quedan listos para combatir el crimen organizado y prestar su ayuda a las víctimas de desastres naturales.
Aproximadamente un promedio de 3000 perros se encuentran trabajando en toda la República”.
Y un reconocimiento especial a estos héroes anónimos que con su astucia y buen olfato ha logrado salvar a un sinnúmero de personas.