CIUDAD MÉXICO, México, jul. 13, 2002.- El conflicto entre campesinos mexicanos que se
oponen a la construcción de un aeropuerto en sus tierras y el Gobierno, que
insiste en el proyecto, creció este sábado con la toma de más rehenes, ahora 17
personas, entre advertencias que piden una negociación ante el riesgo de
violencia.
Los campesinos de la localidad de San Salvador Atenco, a 60 km de Ciudad de
México, tomaron este sábado otros cuatro rehenes, elevando a 17 la cantidad de
personas en su poder -entre funcionarios públicos del Estado de México y
policías-, y plantean que sólo serán liberados a cambio de que sean puestos en
libertad sus compañeros detenidos, que suman unos 30.
Los pobladores siguen empecinados en conservar sus tierras e impedir, como
anunciaron en marzo cuando se publicó el decreto expropiatorio, la construcción
del aeropuerto.
Los habitantes del poblado informaron que discutirán en asamblea la
propuesta al diálogo de las autoridades estatales, aunque dijeron estar en
espera de la respuesta a su convocatoria de una reunión con el gobierno
federal.
La asamblea de pobladores de Atenco propone al gobierno federal un diálogo
con carácter resolutivo, tras desconocer como interlocutor al gobierno del
Estado de México (colindante con la capital del país).
Los campesinos manifestaron que están en la mejor disposición para sentarse
a la mesa y llegar a un acuerdo, aunque aclararon que sus tierras no se venden
y que la lucha contra el decreto expropiatorio continúa vigente.
Los inconformes habían propuesto como mediadores al obispo emérito de San
Cristóbal, Samuel Ruiz, a la activista de derechos humanos, Rosario Ibarra, o
al ex general Francisco Gallardo, y aceptaron al Ejecutivo federal como
"interlocutor único y directo".
El presidente mexicano, Vicente Fox, ha exhortado al diálogo y la
negociación, aunque también dejó claro que el proyecto de construcción del
nuevo aeropuerto de la capital mexicana no se detendría.
La resistencia campesina provocó incluso que gobernadores de otros estados
ofrecieran tierras para la construcción del nuevo aeropuerto.
Rosario Robles, presidenta del Partido de la Revolución
Democrática (PRD, tercera fuerza), exigió al gobierno que abra "un canal de
negociación" y que de ninguna manera utilice la fuerza pública para reprimir a
los campesinos.
Corrientes sociales de izquierda organizan, además, un "cordón humano" en
la zona para que si la Policía recibe orden de intervenir sean ellos quienes la
reciban, ya que pretenden impedir la detención de campesinos, armados con sus
clásicos machetes, y los enfrentamientos.
El gobierno, que no imaginaba una resistencia de esta amplitud, tampoco
parece querer tolerar una agudización del conflicto social como la que ya
ocurre a escasos kilómetros del centro político del país, por lo que en el
horizonte cercano aparecen la negociación o el desalojo.
Bajo el título "Ni negociación ni guerra" reporteros del diario Reforma
describieron la noche vivida en el poblado de San Salvador Atenco, y
escribieron que "la salida del sol marcaba el límite para resolver la crisis de
manera negociada o entrar en guerra. Ninguna de las dos cosas sucedió".
Y es que larga, muy larga fue la noche en Atenco, rodeado por 2 mil
policías y custodiado por rondas de pobladores, con rumores de intervención
armada que se sucedían mientras en Ciudad de México lo único que resolvió el
gobierno, después de largas reuniones y a instancias del secretario de
Gobernación, Santiago Creel, fue justamente que por ahora no hubiera
represión.