CIUDAD DE MÉXICO, México, ago. 21, 2002.- El hombre busca una identidad adecuada a su plano social, ser aceptados requiere de coraje, de vestir bien, tener buena cara y suficiente, y Daniel Sada se atreve a incursionar en el tema a través de su novela Luces artificiales (Joaquín Mortiz 2002).
La literatura es la forma más acabada y más inteligente de la sociología y el autor encuentra una percepción muy particular para descubrir en sus relatos lo que somos los seres humanos, dice Gerardo Estrada, director general de Asuntos Culturales de la Secretaría de Relaciones Exteriores, uno de los tres presentadores del libro.
“Espero que te arreglen esa nariz de hueso de mango y esos ojos saltones y esos labios de intestino grueso que tienes; también tus horrendas cejas, que son un caos”, oyó Ramiro Cinco de su padre, próximo a morir, antes de anunciarle que le daría la mayor parte de su cuantiosa fortuna a condición de que fuera a la gran ciudad en busca de un cirujano estético.
“Con un flamante cheque en el bolsillo y un gruesísimo fajo de billetes bajo el escroto, Ramiro Cinco rompe con su humillante pasado para trasladarse a la urbe y vivir sus artificios:
“Compra al contado un dizque penthouse; se entera de que su vecino planea robar un banco; se somete al bisturí, y ya con otra cara se siente capaz de conquistar a la Mujer Maravilla”, es parte de la historia narrativa propuesta por el escritor.
El autor considera que la literatura del siglo XIX trataba de incluir a toda la sociedad, una novela contaba con 20 personajes mínimo sino no era un éxito, implicaba mucho más responsabilidad al escribir, que si se utiliza sólo un personaje era una excentricidad; pero en el siglo XX muchas novelas tienen pocos personajes y funcionaron bien.
El lenguaje de la novela no es fácil, requiere el gusto por la literatura pues ocupa palabras que Sada inventa y sólo con la trama se puede entender; su único recurso, el humor, lo ridículo.
El escritor Carlos Monsiváis, otro de los invitados a la presentación del libro, editado con el apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes Conaculta, destaca de la obra de Daniel Sada su ejercicio narrativo con “fuerza del lenguaje, su exploración incesante, el libre albedrío de recuperar vocablos”.
“En está trama la apariencia se vuelve destino (...) Sada se vuelve el Lázaro de sus facciones, levántate y muéstrate, levántate y presúmete”, acostumbrarse al cambio de rostro es darle la bienvenida al cambio de reacciones, dice Monsiváis.
En el departamento en el que vive la pared es muy delgada y se pueden escuchar las conversaciones, al hombre le gusta creer en los cuentos de hadas.
Daniel Sada, narrador y poeta ha publicado libros de relato: Un rato; Juguete de nadie; Registro de causante; Porque parece mentira la verdad nunca se sabe, está última elogiada por la crítica en España y México.