CIUDAD DE MÉXICO, México, abr. 15, 2003.- El Senado de la República ignoró su papel de revisor de la política exterior mexicana y evadió pronunciarse en torno al caso Cuba.
La presencia en Cuba de un alto comisionado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en materia de derechos humanos rompió los acuerdos y mostró la división al interior de las fracciones del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido de la Revolución Democrática (PRD).
El Partido Acción Nacional (PAN), PRI, y PRD condenaron la ejecución de tres cubanos disidentes, pero se lavaron las manos en la decisión que México tomará hacia Cuba en la sesión de la Comisión de Derechos Humanos (CDH) de la ONU.
“Exigimos que cese la agresión, que sean liberados los presos políticos, que el gobierno cubano acepte las resoluciones de los organismos internacionales”, comentó Cecilia Romero, senadora del PAN.
El PRI calificó de selectiva a la Comisión de la ONU y condicionó su voto a favor de la presencia del alto comisionado en Cuba, si la resolución incluye el tema del embargo a la isla.
Silvia Hernández, senadora del PRI dijo que “esta Comisión adolece de un gran defecto y su gran defecto se llama selectividad, por qué, la Comisión se ha negado a incluir en la resolución el tema del embargo, Cuba ha sido sometida a un embargo ilegal durante 40 años”.
Para el PRD sería irresponsable utilizar los principios para quedar bien con todos, pero lamentó que por presión política el Senado no haya tenido valor para condenar arbitrariedades de los Estados Unidos.
“La condena al bloqueo no nos hace dejar de ver el juicio sumarísimo y la pena de muerte; la gente de izquierda no la podemos avalar, lo tenemos que sancionar y condenar”, expresó Jesús Ortega, senador del PRD.
Ojalá, sentenciaron priístas y perredistas, la revisión de los derechos humanos en Cuba no sea el preludio para una invasión norteamericana.