CIUDAD DE MÉXICO, México, may. 23, 2003.- El decálogo de pecados electorales que publicó y distribuyó la Diócesis de Cuernavaca, firmado por el obispo Florencio Olvera Ochoa, confrontó opiniones entre senadores panistas e incluso el calificativo de imprudente, de la fracción priísta.
Wadi Amar, del Partido Acción Nacional (PAN), negó que el decálogo sea una inducción para votar a favor de su partido y pidió no escandalizarse aunque así lo pareciera.
“Hay otras religiones, llámese evangélicas, protestantes, que en estados como el mío andan abanderando que se vote por el PRD (Partido de la Revolución Democrática), inclusive un ministro ya se afilió a ese partido”, indicó Wadi Amar.
Jesús Galván, también del PAN, rechazó la actitud de cualquiera de las religiones que intente ser autoridad en temas electorales, incluso pidió la intervención de Santiago Creel, secretario de Gobernación.
“De manera respetuosa, pero firme, la autoridad gubernamental debe hacer saber a la Iglesia que eso no se vale dentro de la legislación y que deben tener, como todos los mexicanos, la obligación de respetar las leyes mexicanas”, aseveró el diputado Galván.
Para Manuel Bartlett, senador del Partido Revolucionario Institucional (PRI), este decálogo fue una imprudencia que provocó el rechazo de la sociedad, por lo que tanto las autoridades eclesiásticas como las gubernamentales deben poner orden.
“Lo que conviene en este momento es que las jerarquías de las iglesias en general tomen sus providencias para que no se den estos actos y no se generen conflictos, como el que se generó”, concluyó el priísta.