CIUDAD DE MÉXICO, México, jul. 17, 2003.- La muerte de Digna Ochoa ocurrió entre la una y tres de la tarde del 19 de octubre de 2001. El cuerpo de la defensora de Derechos Humanos fue hallado en su despacho ubicado en la calle Zacatecas de la Colonia Roma, en la Ciudad de México.
Un año nueve meses después, con la designación de un fiscal especial para el caso, la declaración de más de 300 personas, 900 diligencias y 175 dictámenes periciales, la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal llegó a una conclusión: Digna Ochoa preparó su muerte y se quitó la vida, es decir, se suicidó.
La conclusión se basa en estudios de balística, genética forense, química, patología, grafoscopía, dactiloscopía, criminalística, psicología y fotografía.
Durante once meses la Fiscalía Especial trabajó fundamentalmente en tres líneas de investigación.
La línea número uno es la estancia de Digna Ochoa en Guerrero y su intervención como abogada en defensa de los campesinos ecologistas Roberto Montiel y Teodoro Cabrera, acusados de narcotráfico por el Ejército Mexicano.
La línea número dos se refiere a las presuntas amenazas de caciques en Petatlán, Guerrero, y la línea número tres, es acerca de investigación sobre el entorno familiar, su testimonio, relaciones laborales y sentimentales.
Las investigaciones se desarrollaron en el Distrito Federal, Guerrero, Veracruz, Yucatán y Tabasco. La Procuraduría capitalina fundamenta el razonamiento del suicidio, no por un estudio psicológico, sino por un dictamen de criminalística, entre otras pruebas.
Con un alto grado de probabilidad, Digna Ochoa permaneció en el despacho desde un día antes de su muerte y vestía la misma ropa. El arma que le causó la muerte era de su propiedad.
De acuerdo con el dictamen, Digna Ochoa se sentó en un sillón del recibidor, tomó el arma calibre 22 y se disparó en la parte interna del muslo izquierdo, tal vez buscando la vena femoral. En el sillón se encontraron rastros de sangre y la ojiva de la bala, cuya trayectoria concuerda con la posición en que se disparó.
Minutos después, por el dolor de la herida, que no era mortal, se colocó en cunclillas, tomó su saco con la mano derecha para morderlo y con su mano izquierda, de acuerdo con el dictamen, se disparó en la sien izquierda.
El estudio refiere que la abogada tomó la pistola con la cacha hacia arriba y se disparó colocando el cañón en contacto con su cabeza. Los dos disparos recibidos y las trayectorias de las ojivas corroboran que Digna se disparó.
De acuerdo con los peritajes es improbable que una o dos personas hayan disparado contra la defensora de Derechos Humanos ya que no se encontraron huellas de lucha y forcejeo, pues la estancia se encontró intacta. Asimismo, las puertas y cerraduras no fueron violadas.
Las pruebas para encontrar rastros de pólvora en las manos y guantes que portaba Digna Ochoa resultaron negativas. Esto se explica porque el arma utilizada no macula, es decir, no deja rastros de pólvora.
El 26 de febrero de 2003, en una nueva inspección ocular se localizó una bolsa con una sustancia. Escrito en un papel indicaba que se trataba de polvo para manos, sin embargo, estudios de grafoscopía indican que fueron realizados por el puño y letra de Digna Ochoa. También se encontraron recortes de letras de periódicos.
En otro sitio del despacho fueron hallados los ejemplares de donde provenían dichas letras. Estos indicios sugieren que los escritos de amenazas, elaborados con recortes, provienen de los periódicos hallados en la oficina de la abogada.
Digna Ochoa recibió varias amenazas escritas; la fiscalía descubrió que uno de los escritos fue mostrado por Digna Ochoa a un familiar días antes de que supuestamente llegara al despacho.
Dictamen psicoanalítico de personalidad indica que Digna Ochoa sufría de trastornos emocionales. El 13 de marzo de 2002, la madre de Digna Ochoa se negó a creer en la posibilidad de un suicidio: “Como va a ser posible que mi hija se quitó la vida, eso no pudo ser y no fue”, comentó Digna Plácido, madre de Digna Ochoa.
Hace unas semanas, Margarita Guerra, Fiscal Especial, indicó que fuera cual fuera el resultado de su investigación, estaría apegado a principios éticos: “Lo que garantizo es la rectitud, la honestidad de este trabajo, yo no tengo interés ni en un sentido ni en otro”, puntualizó.
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