COMPRAS Adquiera el libro: 'Historia de la Iglesia Católica en México (1929-1982)', de Roberto Blancarte CIUDAD DE MÉXICO, México, oct. 11, 2003.- El cardenal Norberto Rivera Carrera afirmó que el peregrinar supone muchos sacrificios y privaciones, pero también ofrece la oportunidad de reflexionar sobre nuestra vida cristiana a la luz de la fe, de unirnos de manera excepcional al misterio la Iglesia y la comunión de los Santos.
El jerarca de la Iglesia Católica, encabezó esta mañana la celebración eucarística por el 50 aniversario de la Asociación de Peregrino de a Pie al Tepeyac, de la Arquidiócesis de Morelia y destacó la fe con la que este evento se ha transmitido a varias generaciones.
Son, dijo, padres y madres de familia que han infundido ese amor en sus hijos, nietos, parientes y amigos.
Norberto Rivera aseguró que eventos de esta naturaleza son una gran oportunidad para fortalecer los lazos espirituales de la familia que es la primera célula de la Iglesia.
Acompañado por el arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda, reconoció que la Asociación de Peregrinos de a Pie al Tepeyac es fruto de una vida intensa de comunión con la Iglesia, en la que los clérigos, junto con los laicos, trabajando unidos, buscan fomentar una vida cristiana mas perfecta.
Recordó que este momento fue ideado y organizado hace 50 años, en octubre de 1953, por el padre Juan Pierres Rosco, maestro de muchas generaciones de sacerdotes y gran devoto de la virgen del Tepeyac.
Actualmente esta asociación está integrada por 10 regiones, y tiene presencia en más de la mitad de las parroquias del arzobispado de Morelia.
El cardenal Norberto Rivera destacó que su esfuerzo, al caminar durante varios días, la reconciliación con Dios, y los momentos de oración en la celebración diaria de la eucaristía, contribuyen al crecimiento de su fe, mejoran su vida familiar, les permite dar testimonio de vida cristiana y colaborar en los diversos apostolados de su parroquia.
Este caso en particular, subrayó, es ejemplo para convertir nuestra vida en testimonio de amor, en la familia, la parroquia y la sociedad, y constituye todo un programa de vida, no sólo por los días de peregrinación.
En este sentido sostuvo que la Iglesia, procura que los cristiano no asistan a los misterios de fe como extraños y mudos espectadores, sino que busca que, a través de los ritos y oraciones, participen consciente, piadosa y activamente en la acción sagrada y perfeccionen día a día la unión con Dios.
Recordó que Juan Diego fue el primer peregrino guadalupano, que dócil a la invitación de la virgen María se convirtió en testigo y mensajero de la buena nueva del Tepeyac.
Destacó que a la fecha "este hermano sigue inspirando a muchos en su peregrinar cotidiano de la vida y es fuente de inspiración para la vivencia de las virtudes de la piedad, la caridad, el sacrificio, de la obediencia y un seguro intercesor para nuestras necesidades personales o comunitarias", agregó.
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