CIUDAD DE MÉXICO, México, nov. 27, 2003.- Son los primeros minutos de un día de incertidumbre. De obstáculos que esperan. De silencios que se alargan para unos y para otros. Aunque la madrugada no fue muy fría, no hay mejor forma de reunirse que en torno a un café.
O mejor aún, de una olla humeante generosa en guisado que, aunque aguadito, es la mejor forma de sentirse en casa.
Con la mañana llegaron los primeros avisos de un jueves peculiar. Calles desiertas contra avenidas hechas un enredo, nudo sin pies ni cabeza.
El primero de estos sobre Eduardo Molina, antesala de la Cámara de Diputados, donde trabajadores oaxaqueños buscaban llegar a San Lázaro.
Luego, una columna campesina que iba rumbo a la Secretaría de Gobernación y los jubilados de la Revolución Blanca y los billeteros de la Lotería.
Todos buscando su suerte.
A unas cuadras de ahí, granaderos cortaban el paso a profesores que buscaban el edificio del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
Los profesores encararon.
Con la tarde, las columnas se hicieron grandes y todo tipo de personajes se integraron a la marcha.
Mientras, a sugerencia de la autoridad, los comerciantes del Centro Histórico bajaban sus cortinas como quien espera el paso de un huracán.
"Como otras veces los han roto o los pintan, por eso es de que estamos protegiendo esto", relata Filemón Martínez.
Salieron del monumento a Lázaro Cárdenas, del Monumento a la Revolución, de la Cámara de Diputados, del Ángel de la Independencia.
Todos rumbo al zócalo. Igual los condenados, que los políticos. Las mujeres y los danzantes.
Cuando la temperatura parecía aumentar, avivarse, el agua literalmente la enfrió.
Alrededor de las cinco y media de la tarde una peculiar lluvia, inesperada, cayó con fuerza sobre buena parte de la Ciudad de México.
Aunque para entonces algunos, ya habían cumplido el cometido.
"Hemos llegado, por fin hemos llegado, ahora sí nos van a escuchar ", gritaba una mujer.
ROBLÉS, CÁRDENAS Y GODOY, ENTRE LOS MANIFESTANTES Los manifestantes marcharon hacia el Zócalo desde el Ángel de la Independencia, desde el monumento a la Revolución, desde la Cámara de Diputados y desde el monumento al general Lázaro Cárdenas.
Esta última columna fue encabezada por uno de los convocantes a la marcha, Cuauhtemoc Cárdenas, acompañado de Leonel Godoy, presidente del PRDy de su antecesora, Rosario Robles.
Las columnas entraron al Zócalo por Madero, 5 de mayo, 16 de septiembre, 20 de noviembre y Pino Suárez.