CIUDAD DE MÉXICO, México, enero 2004.- La voz del obispo de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel, se levanta para recordar que no han cambiado las condiciones de pobreza extrema que dieron origen al levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994, y advierte sobre el estado que guarda la lucha indígena en aquel estado: “Lo único que ha sucedido es que se han enconado los rencores entre los grupos”, dice.
A 10 años de la irrupción violenta del EZLN, y 20 de su fundación, el religioso observa que lo más delicado y peligroso ha sido la profundización de las divisiones internas en las comunidades zapatistas y que no han desaparecido las armas entre los grupos antagónicos, los caciques y los propios indígenas.
Hoy los zapatistas están de fiesta. Celebran que el mundo los volteó a ver hace 10 años y que desde entonces su dignidad no ha sido quebrantada.
En agosto pasado los rebeldes zapatistas entraron en una fase de autonomía y autogobierno y decidieron constituirse a través de cinco “Juntas del Buen Gobierno".
El comandante David explicó que “como ningún gobierno nos va a dar el derecho y la libertad para vivir dignamente, por eso ahora ya no pedimos, ni exigimos, ahora nos toca actuar y ejercer nuestros derechos como pueblos legítimos y primeros pobladores de nuestro país".
Estas "Juntas del Buen Gobierno" agrupan a 30 municipios autónomos, territorios donde no hay más autoridad que la suya, se rigen por sus propias leyes, autoridades, usos y costumbres.
"Hacia la Esperanza" abarca cuatro municipios autónomos; "Corazón del Arcoiris de la Esperanza”, siete del primer valle de Ocosingo;" El camino del futuro" abarca cuatro del segundo Valle de Ocosingo; "Nueva semilla que va a producir" comprende siete de la zona norte de Chiapas, y "Corazón céntrico de los zapatistas delante del mundo" abarca siete de la zona altos y centro de Chiapas.
Dentro de los “caracoles” no hay movilización de militares, y tampoco de paramilitares; no pasan aviones, helicópteros, ni autos; sus representantes mantienen un diálogo con los responsables civiles de los mismos municipios donde coexisten las dos administraciones.
Enraizado en aquellas tierras de prósperos recursos naturales, pero de pobreza insultante, el obispo Arizmendi, fin a la causa de los indígenas, destaca:
“La decisión de aplicar autonomías, sin un marco legal reconocido constitucionalmente, ha generado la existencia de dos marcos jurídicos, no fáciles de compaginar. Dicen que lo consideran legítimo, aunque no sea legal, pero esto provoca graves fractura en los pueblos”.
Esta división ha provocado mayores odios étnicos, que sumandos a las armas de fuego que poseen, han hecho de este territorio, aparentemente en calma, una bomba de tiempo e intolerancia.
El religioso ve que por estas divisiones entre zapatistas y no zapatistas, no se ha logrado el desarrollo en muchos pueblos de la zona, “por las divisiones no se puede construir ni pavimentar una carretera, vital para una vida más digna”.
"No puede haber paz permanente si no hay justicia plena", sentencia el prelado.
El territorio ocupado por el EZLN representa casi la mitad de los 75.000 kilómetros cuadrados de superficie de Chiapas. El estado tiene cuatro millones de habitantes, de los cuales un millón son indígenas.
UNA OCASIÓN PARA RECONOCER A LOS INDÍGENAS
Cuando el Ejército Zapatista se levantó en armas e hizo su aparición en San Cristóbal de las Casas, México era uno, pero en 10 años cambió en educación, en cultura, en democracia y fuerzas políticas, además, con un TLC que, se supone, llevó al país a la modernidad.
A la par han sobrevivido los zapatistas quienes celebran “de lo perdido lo ganado”. Entre sus logros enumeran la salida de la Presidencia del Partido Revolucionario Institucional (PRI); en su haber llevan cuatro gobernadores, cuatro comisionados para la paz, dos Presidentes de la República y a Vicente Fox.
Pero para el resto de los de 12 millones de indígenas del país, no hay motivos para celebrar.
Para ser justos, se debe marcar la diferencia entre los zapatistas y el resto de los indígenas del país. Hoy, más que estar pendientes del discurso del subcomandante Marcos, México debería voltear a ver a sus ancestrales indígenas replegados en sus cuatro puntos cardinales, porque también en Morelos, Veracruz, Oaxaca, Guerreo, Chihuahua o Querétaro la desnutrición e ignorancia mata a los niños.
Este debería ser un día para reconocer a los millones de indígenas que no han elegido la lucha armada para cambiar su situación, a los que sí enseña el rostro, pero no hacen anuncios espectaculares; una ocasión para preguntarse sobre la real lucha indígena y sus avances de estos 10 años de diálogos, acercamientos, marchas y discursos poéticos del líder zapatista.
Para ver la eficacia de los programas sociales, sin reducir el problema sólo al seno zapatista y olvidarse de los demás.
La estrategia pareciera permitir la ilegalidad para no ver, para no tener que contestar, para no tener que responderles a los otros millones de pobres.
Entonces esta celebración puede y debe ser una buena ocasión para voltear y ver a los demás indígenas. Ahí mismo en Chiapas, el Centro de Derechos Humanos "Fray Bartolomé de Las Casas" estima que en total hay unos 10 mil indígenas desplazados en toda el área como consecuencia del conflicto.