CIUDAD DE MÉXICO, México, ene. 08, 2004.- México, según las autoridades, está libre de la enfermedad de las vacas locas, pero no libre de la especulación de precios que ha originado. Enrique Navarrete, tablajero desde hace 30 años, resume como un caso sospechoso del mal de las vacas en Estados Unidos; le ha afectado a su carnicería y a su clientela.
“Estan muy caídas las ventas, un 40%, y han aumentado el precio de la carne como 12%”, afirma.
Desde el 23 de diciembre México cerró las fronteras a las importaciones de carne bovina estadounidense.
Los productores mexicanos garantizan el abasto y dicen que no hay razones para aumentar precios.
Juan Barrio, representante de la Asociación Mexicana de Engordadores de Ganado Bovino, asegura que en México hay suficiente abasto de carne, "y número dos: Los precios de la carne no tienen porque sufrir ningun incremento”.
Sin embargo, los comerciantes denuncian que sí hay razón “porque nos están aumentando ellos; si por nosotros fuera seguiríamos con el precio de antes”, afirma Bernardo, otro tablajero.
Los productores se defienden y aseguran que es especulación y falta de conciencia de algunos comerciantes.
“No me refiero a todos”, señala Gustavo Torres, de la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas.
Ante la situacion, el público ha disminuido el consumo.
Según la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas, los mexicanos consumen en promedio 20 kilos de carne por año, 6 kilógramos es importada.
Las autoridades aún no determinan cuánto durará la suspención de las importaciones y creen poco probable el contrabando de carne.
Por lo pronto dicen que la carne que consumimos es segura.
La encefalopatia espongiforme bovina es una enfermedad neurológica degenerativa y mortal de los bovinos, que puede afectar al ser humano si éste consume carne o derivados contaminados. Se identificó en Inglaterra en 1986.