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CIUDAD DE MÉXICO, México, mar. 21, 2004.- Fue un día de viejos y nuevos credos, y también seres de otra dimensión.
En la explanada de la Ciudad de los Dioses se codean todas las energías en 21 de marzo.
Desde las 8:00 horas abuelitas, curiosos, “concheros”, mascotas y vendedores comenzaron a pelearse 10 centímetros cuadrados de la Pirámide del Sol, en Teotihuacán.
Los alrededores de la zona arqueológica se convirtieron en una enorme fonda y en el mejor día del año para los comerciantes de poblados vecinos que aprovecharon para vender sellitos del sol y de la luna o rollos fotográficos.
“Va saliendo poquito, ya no se pone uno exigente, mientras salga para los frijoles”, dice Ana, comerciante de la zona arqueológica.
El Estado de México implementó un completo operativo de Protección Civil, Cruz Roja y uniformados de distintas corporaciones; se esperaban hasta dos millones de visitantes pero arribó menos de la mitad.
La presencia de elementos de la Policía Federal Preventiva (PFP) logró controlar el acceso de graffiteros y vándalos a la antigua ciudad de Teotihuacán, pero no pudieron impedir que los visitantes subieran indiscriminadamente a los edificios.
“Es una falta de respeto que la gente no cuide nuestras pirámides”, opinó el conchero Jorge Luis López.
Entretenidos viendo ritos sin origen explicable y con riesgo de insolarse, la multitud esperó hasta el mediodía para unirse en paz e implorar la enorme energía del inicio de primavera.
Para abrir las palmas, en nombre de ellos y de sus hijos.
El equinoccio tuvo lugar un día antes, pero en 21 de marzo el sol prometió cumplir peticiones, a unos buena vibra, a otros castigo divino.
Como este visitante en Teotihuacán que pide a los dioses “castigo para los políticos gandallas”.