CIUDAD DE MÉXICO, México, abr. 4, 2004.- Primer domingo de Luna llena del año y también Domingo de Ramos, el día en que los fieles católicos celebran la llegada de Cristo a Jerusalén, en medio de la algarabía y de los ramos de olivo de quienes ya reconocían su existencia. Dos mil cuatro años después, el rito se repitió, con el sello que le imprimen los fieles mexicanos con ramos de palma hechas por artesanos que tejidas con distintas formas.
Por cientos, los fieles celebraron en la Catedral metropolitana una de las ceremonias más largas de la liturgia católica, en la que se bendijeron las palmas, se realizó la procesión que imita la llegada de Cristo a Jerusalén, se leyeron evangelios sobre la pasión de Cristo.
“Los estudiosos y los críticos se han puesto las preguntas de quiénes fueron los responsables de la muerte de Jesús. ¿Jesús murió por motivos religiosos o por motivos políticos?. La misma escritura nos da las respuestas. Jesús cargó con nuestros pecados y nuestros pecados llevaron a Jesús a la cruz”, manifestó Norberto Rivera, Arzobispo Primado de México.
El Cardenal Rivera Carrera llamó a los fieles católicos a refrendar su fe y a reflexionar sobre lo que la Pasión de Cristo debe significar en sus vidas.
“Sepamos convertir nuestro dolor, aparentemente infecundo, en medio de redención para nosotros y para los demás”, agrego el Cardenal.
Una fiesta de fe cristiana en el primer domingo de Luna llena de primavera.