CIUDAD DE MÉXICO, México, abr. 8, 2004.- La historia del cine mexicano no sería la misma sin María Félix. De ella se escribió, se habló, se criticó y se admiró.
Cuando nació, el 8 de abril de 1914, en los Álamos, Sonora, nadie se imaginaba que esa pequeña se convertiría con el tiempo en “La Doña”.
Ahí vivió hasta los 26 años de edad, jugando, estudiando y participando en concursos de belleza locales, en los que por supuesto siempre ganaba los primeros lugares.
Dos años después, un amigo la recomendó con Gabriel Figueroa, quien se impactó tanto con su belleza y personalidad que no dudó en ofrecerle trabajo.
Desde ese momento su imagen impactó al mundo. Esa mirada siempre alta, el caracter fuerte incluso más que el de los productores y los directores la hicieron enigmática.
En total hizo 47 películas y es considerada como una de las estrellas más importantes.
Se casó varias veces. Su primer matrimonio con Enrique Álvarez Alatorre.
En 1943 se casó con el hombre al que le dio la inspiración para componer canciones tan grandes como “María Bonita”.
“Agustín era un tipazo para mí. Dicen que no era guapo, pero a mí me parece que tenía una gran guapeza. Voz armoniosa, no necesitaba más que la voz para saber que era guapo”, señaló en una ocasión María Félix.
Al terminar su relación con “El Flaco de Oro”, su atracción se inclinó a uno de sus grandes enamorados, Jorge Negrete, con quien contrajo matrimonio en 1952.
“Pero antes de eso hubo muchos años de amor y odio. Hubo diez, diez años en que me detestó, parecía. Porque no me dejé del Charro Cantor, me quiso traer. Creyó que ya las tenía ganadas conmigo y entonces fue mi enemigo diez años”, agregó “La Doña”.
Su última aparición cinematográfica fue en 1970 en la cinta “La generala”.
En 1998 sorprendió al lanzar un disco como cantante de título “Enamorada”.
Sus últimos años de vida los pasó entre México y Francia.
Es la historia de una mujer cuya vida se puede resumir en una sola, la palabra “La Doña”.