CIUDAD DE MÉXICO, México, mayo 10, 2004.- Diez de Mayo, Día de las Madres y por ello, las flores, los chocolates y los dulces, se convierten en productos de primera necesidad. Y uno de los lugares a los que muchas madres son llevadas por sus hijos durante la madrugada de este día, es la plaza de Garibaldi.
Algunas madres llegan abordo de sus autos, pero siempre cuidando de los pequeños. Mientras que otras, son llevadas por sus hijos en taxi, para darles la sorpresa de escuchar a los mariachis.
Griselda Tapia.- Sí, la verdad cada año nos traen. Reportero.- ¿Quiere decir que ya es casi tradición para usted?
Griselda Tapia.- Exactamente.
Reportero.- ¿Cuántos hijos tiene?
Griselda Tapia.- Siete; 20 nietos y una bisnieta.
Y vaya que para pagar los mariachis, se necesita hacer la “coperacha”. También hubo madres con niños muy pequeños que los llevaron a escuchar mariachis.
Pero no sólo hubo madres festejadas, también entre los mariachis, nos encontramos a una madre que no estaba festejando, ella es mariachi durante todo el año y esta madrugada no podía faltar a su trabajo.
Reportero.- ¿Usted es mamá? Hilda Soto, mamá mariachi.- Sí.
Reportero.- ¿Y qué anda haciendo trabajando de madrugada en el Día de las Madres?
Hilda Soto.- Pues ni modo, hay que trabajar.
Reportero.- ¿Usted es mariachi normalmente?
Hilda Soto.- Sí, toco el violín y canto.
Y doña Hilda, hace su trabajo como los buenos.
No faltó la madre emotiva a quien las lágrimas se le rodaron al compás de los mariachis. Y quienes llevaron mucha familia, se hicieron merecedoras de una porra.