TLALNEPANTLA, México, jun. 15, 2004.- La tranquilidad, las aspiraciones de la familia Cumming fueron interrumpidas para siempre. El pasado sábado 12 de junio, padre e hijo fueron asesinados a las puertas de su casa en la colonia Las Rosas de Tlalnepantla, Estado de México.
"Cuando llega mi hermano empieza mi mamá a oír voces, como que discuten, entonces mi mamá se asoma a la ventana y ve que mi hermano está encañonado", relata Juan Carlos Cummings.
Guillermo Cummings, de 27 años de edad, aparentemente fue sorprendido por tres sujetos afuera de su domicilio.
Buscaban robarle un vehículo compacto, vehículo que Guillermo ofreció a cambio de que lo dejaran tranquilo.
Su padre, Juan Roberto Cummings, bajó de la planta alta para enterarse de la situación, para saber de su hijo, reacción natural en cualquier jefe de familia. Los hampones lo recibieron con un tiro en el abdomen.
" Él abre la puerta hacia el lado derecho y recibe ahí en teoría el impacto, porque mi papá cae muerto ahí, luego mi hermano, en teoría recibe un balazo él en la cabeza, mi hermano, y cae a su lado", cuenta Juan Carlos Cummings.
"A mí todavía no me cabe, todavía yo digo ¿por qué, por qué fue así, con esa saña, que daño podían hacer ellos dos, creo que, de veras, somos una familia que nunca le hemos hecho daños a nadie", comenta Clementina Cummings .
Ninguna de las dos muertes fue instantánea, el padre murió en el lugar minutos después; el hijo falleció más tarde en el hospital. Informes preliminares de la Policía Judicial en Tlalnepantla hablan de cinco tiros disparados; dos, cuyos rastros aún son visibles en el lugar... No descartan un intento de secuestro, a pesar de que la familia es de clase media.
"Tanto que se ha hablado de la seguridad y con todo esto que se estaba haciendo en Tlalnepantla del toque de queda y dijimos, bueno entonces ¿dónde está?", dice Clementina Cummings.
Guillermo de 27 años, seleccionado nacional de futbol americano, estaba por casarse en tres meses.
Sueño roto para siempre, su padre, de 60 años de edad, esperaba conocer a su primera nieta en tres semanas. Ya nunca la verá.
"Si no acabamos con esto, va a ser una cadenita de nunca acabar, siempre va a ser alguien, alguien, alguien los que van a estar sufriendo esto", menciona Juan Carlos Cummings.