CAMPECHE, México, jun 20, 2004.- La bandera de México es grande y generosa. "Cuando veo la bandera me siento parte de ella. Más que todo me siento... más que todo me siento, más que todo, mexicana" dijo Teresa Monzón, refugiada.
"Es un orgullo estar aquí en México y mirar la bandera. Es nuestra" dijo Gaspar Juan Pedro, refugiado.
Teresa Monzón y Ricardo Morales sufrieron los horrores de la prolongada guerra que desangró a Guatemala.
En 1981 lograron huir con vida y como otros 45 mil guatemaltecos hallaron refugio en México. Otros no vivieron la misma suerte.
"Sí, nos corretearon los soldados. Nos mataron gente" contó Francisca Simón, refugiada guatemalteca.
La paz llegó a Guatemala. Miles regresaron a su país. Cientos más decidieron quedarse en México.
En 1996, cuatro años antes de que la ONU decretara celebrar cada 20 de junio el Día Mundial del Refugiado, México puso en marcha un programa voluntario de regularización migratoria.
En Campeche hay 4 poblados de origen guatemalteco.
Doce mil de sus 15 mil habitantes son mexicanos por nacimiento. Los demás optaron por la nacionalización; a 23 años del masivo éxodo, tienen problemas.
El principal que las parcelas que les asignaron son pequeñas. No alcanzan para cultivar lo necesario para comer.
"Necesitamos tierra, porque hectárea y media no es mucho. Esa hectárea y media tenemos por eso es lo que sentimos duro" expresó Diego Simón Mateo, refugiado
"No alcanza, vez, poquita tierra tenemos, sí" dijo Mateo Ramón Domingo, refugiado.
En Santo Domingo Kesté, una de esas comunidades con raíces guatemaltecas, hay escuela, agua potable y clínica de salud. Pero el servicio de energía eléctrica es deficiente y las calles están en mal estado.
El Día Mundial del Refugiado pasó desapercibido para los otrora asilados guatemaltecos. Ellos están dedicados a trabajar en busca de un mejor futuro bajo la generosa bandera de México.