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México
Pemex, la pugna por la privatización
por: Agencia
Fuente: EFE

Las trasnacionales petroleras están a la espera de que México se abra a la participación del capital privado, más del 80% del territorio, sin explorar

CIUDAD DE MÉXICO, México, jul. 26, 2004.-Las trasnacionales petroleras están a la espera en México de que se superen los obstáculos legales que limitan la participación del capital privado y puedan convertirse en socios estratégicos en la explotación de energéticos.

En los últimos meses la Secretaría de Energía y directivos de empresas de Gran Bretaña, Argelia, Bolivia, Perú, Canadá, Estados Unidos y Rusia han desfilado por México para fortalecer la cooperación bilateral en el sector y explorar posibles oportunidades de negocios.

Eso es porque todos conocen el dilema que atraviesa México. Este país es uno de los mayores productores de crudo del mundo, pero la Constitución establece que los recursos energéticos son patrimonio del Estado, lo que coarta la participación de socios.

Además, Pemex, el monopolio petrolero estatal, está metido en un corsé fiscal que no le deja dinero para las necesarias inversiones en exploración y producción, a consecuencia de lo cual el país está obligado a importar un 30% del gas y un 25% de las gasolinas que consume su mercado interno.

RIESGO DE DESABASTECIMIENTO

Ante esa situación el nuevo secretario de Energía, Fernando Elizondo, ha advertido sobre riesgo de desabastecimiento, mientras que el gobierno del conservador Vicente Fox sigue pugnando por avanzar hacia una reforma que abra el sector a la empresa privada.

Pero la única iniciativa al respecto, centrada en el tema eléctrico, se encuentra estancada en el Congreso desde agosto de 2002, ante el rechazo de la oposición política, y no existen proyectos similares en el caso del petróleo.

La especialista en temas energéticos del Instituto Tecnológico (TEC) de Monterrey Leticia Armenta señaló que este tema se ha mantenido en el nivel político de discusión "y debería evaluarse más en función económica y productiva para ver su impacto en el crecimiento económico de las decisiones en el ámbito energético".

"Lo importante no es de dónde vienen los fondos, sino hacia dónde encauzamos el uso de esos recursos. El Congreso debería diseñar un marco jurídico que perfilara la acción del Ejecutivo en el área de energéticos", asegura Armenta.

Pero Pemex no se ha quedado de brazos cruzados. En octubre del año pasado dio el primer paso hacia la apertura con el lanzamiento de los Contratos de Servicios Múltiples (CSM) para proyectos de explotación de gas en la Cuenca de Burgos, situada en la frontera con Estados Unidos.

Los CSM mantienen las obras y la producción en manos del Estado mexicano, según lo establece la Constitución, y sólo dejan a las compañías privadas la operación y la administración.

El resultado ha sido la instalación en el país de la brasileña Petrobras, la española Repsol YPF, la argentina Tecpetrol y la estadounidense Lewis Energy para producir gas durante 20 años.

Aunque la iniciativa concitó el rechazo de los partidos de la Revolución Democrática (PRD) y Revolucionario Institucional (PRI), que la tildaron de inconstitucional, no ha prosperado ninguna acusación en su contra y siguen su camino.

Es más, Pemex no se ha dado por aludida y, en una muestra de confianza en la legalidad de este sistema, recientemente anunció que en 2005 planea incluir por primera vez a la empresa privada en proyectos de explotación de petróleo.

GAS Y CRUDO

La iniciativa se desarrollaría también bajo el esquema de los Contratos de Servicios Múltiples, con los que el año que viene se licitará una tercera ronda de proyectos de extracción de energéticos, que podría combinar gas y crudo, según anunció el director ejecutivo para los CSM, Sergio Guaso.

"En 2005 pretenderíamos lanzar la siguiente ronda en áreas diferentes a Burgos, como Veracruz y Tabasco (Golfo de México), los campos de Lankahuasa (en el mar frente a Veracruz), Chicontepec (en el norte de Veracruz y donde se encuentra la tercera parte de las reservas totales del país), Coatzacoalcos, Huichapas y Gas Terciario", señaló.

Estos proyectos son de gas no asociado y gas asociado. Estos últimos incluyen la explotación de crudo y, aunque todavía no se ha decidido cuáles se van a licitar, lo cierto es que serán la punta de lanza para abrir poco a poco la producción de petróleo al sector privado.

"Todo lo que agregue valor a la empresa, debe ser utilizable, como es el caso de los contratos, (ya que) producir hidrocarburos a bajo costo repercute en utilidades para la compañía", enfatizó Guaso.

México produjo el año pasado 3,37 millones de barriles diarios de crudo, casi en línea con su potencial, y posee reservas probadas sólo para once años más, de 14.120 millones de barriles, mientras avanza en su reposición, que en 2000 apenas llegó al 21 por ciento y que en 2006 se espera incrementar al 75%.

Por eso necesita desesperadamente iniciar nuevos proyectos de exploración y explotación que disminuyan su dependencia de combustibles importados e impidan un eventual desabastecimiento de electricidad y gasolinas por falta de inversiones.

A comienzos de julio, Pemex reunió a un vasto grupo de empresas en Reynosa (Tamaulipas, norte de México) para presentarles los proyectos de licitación de la segunda ronda de Contratos de Servicios Múltiples para explotar gas en la Cuenca de Burgos.

Se trata de los dos bloques cuyas licitaciones fracasaron el año pasado ante la falta de interés de los inversionistas. Sus dimensiones y los contratos fueron modificados para hacerlos más atractivos, pero las empresas sugirieron más cambios, por lo que se está evaluando "incluir algún bloque pequeño adicional o dos", dijo Guaso.

Entre las empresas que asistieron a este "road show" figuran las cuatro que ya están desarrollando proyectos de gas (Lewis Energy, Petrobras, Repsol y Tecpetrol).

También participaron la anglo-holandesa Shell, la británica British Petroleum (BP), la argentina Pluspetrol, la China National Petroleum Company, la australiana Santos y las estadounidenses Exxon, Occidental, EOG Resources, Finley, Quintana y El Paso.

Las más grandes (Shell, BP y Petrobras), además de Exxon y Chevron, que tienen la tecnología, experiencia y recursos, han expresado su interés por convertirse en socias de Pemex para explorar las aguas profundas del Golfo de México.

En esta tarea ya se aventuraron Estados Unidos y Cuba (de la mano de Repsol, la canadiense Sherrit International y posiblemente Petrobras).

De hecho, los presidentes Vicente Fox y Luiz Inácio Lula da Silva acordaron recientemente en Brasil estrechar la "colaboración" entre Pemex y Petrobras.

Al respecto, el ministro de Exteriores de México, Luis Ernesto Derbez, destacó la "conveniencia" de que se concrete "la opción de que Petrobras y Pemex puedan hacer trabajos de coordinación para la exploración de mantos petroleros en las costas del Golfo de México", ya que Pemex no tiene la tecnología ni los recursos para hacerlo sola.

"Para Brasil es conveniente, pero para México mucho más. Con su tecnología vamos a poder perforar a un precio mucho más barato y tener más recursos para el desarrollo económico de la nación", afirmó el también ex ministrro de Economía.

El director general de Pemex, Raúl Muñoz Leos, insiste en la necesidad de explorar las aguas profundas del Golfo de México a fin de incrementar la exploración de nuevos yacimientos petroleros, en lo cual la compañía invierte 10.000 millones de dólares anualmente.

"Tenemos más del 80% de nuestro territorio sin explorar y los estudios geológicos en el Golfo de México señalan que el potencial es muy grande", asegura Muñoz Leos.

EFECTO POPOTE

El director ejecutivo del proyecto de Contratos de Servicios Múltiples, Sergio Guaso, adelantó que "hay una serie de proyectos en esa área que eventualmente se estarían licitando", aunque todavía no se ha determinado bajo qué modalidad.

El problema es que cada día que pasa EEUU y Cuba toman ventaja. Las reservas de hidrocarburos son una laguna debajo del mar, muy profunda, que si se perfora en cualquier parte puede ser extraída íntegramente, lo que en México se conoce como el “efecto popote", en alusión a la pajita para sorber refrescos.

Es decir, el primero que instale su proyecto de extracción sacará todo el petróleo, por lo que Fox se apresuró a anunciar a fines de junio que se iniciarán "próximamente perforaciones (de pozos de crudo) en aguas profundas del Golfo de México".

Pero la alianza estratégica con Petrobras no se quedaría sólo en la exploración de mantos de crudo en el océano, sino que se extenderá a la producción de etanol a partir de la caña de azúcar, que es utilizado como carburante y es una alternativa al plomo usado en la gasolina, anunció Fox.

"México se está convirtiendo en una potencia productora de azúcar y llega el punto donde se rebasa la capacidad de consumo interna y no hay mucho mercado exterior", dijo.

"Ahora queremos ver cómo avanzamos por la vía del etanol, que es un combustible que no contamina y tiene una doble ventaja", añadió.

El canciller Derbez comentó recientemente que se explora la posibilidad de usar el bagazo de la caña de azúcar (la fibra una vez molida) en la producción de electricidad, tal como ya hace Brasil y cuya tecnología tiene Petrobras.

"Ya están los técnicos de Pemex trabajando en Brasil viendo con la gente de Petrobras cómo podemos combinarnos con la industria cañera (...) y llevar a cabo un programa de etanol en México en los próximos años que nos permita reducir los índices de contaminación, mejorar la salud de los mexicanos y (lograr) un precio más barato" en las gasolinas, detalló.

Otra de las posibilidades que están explorando las autoridades mexicanas para abaratar los costos de los combustibles que compra a Estados Unidos es importar gas natural de países como Argelia, Bolivia, Perú o Rusia.

ENTENDIMIENTO CON BOLIVIA

México tiene reservas probadas de gas de 20,7 billones de pies cúbicos, pero la falta de inversiones derivadas del estricto régimen fiscal que constriñe a Pemex le obliga a importar gas a altos precios desde Estados Unidos, país que también es importador de este combustible y que lo vende más caro aún a su vecino del sur.

De hecho, ya suscribió un memorando de entendimiento con Bolivia sobre el asunto y las autoridades de los otros tres países visitaron México recientemente para entrevistarse con el ministro de Energía y ofrecerle sus servicios.

El problema esta vez es que hay que instalar plantas regasificadoras en la costa, adonde llegaría el combustible líquido (gas natural licuado) para luego volver a transformarse en gas y distribuirse al resto del país a través de ductos.

Actualmente está paralizada alrededor de una treintena de estos proyectos, según datos de Pemex.

En marzo pasado la compañía estadounidense Marathon Oil anunció la cancelación del proyecto de Centro Regional de Energía en la playa de Tijuana (Baja California) tras la expropiación de 846 hectáreas ordenada por el Gobierno estatal.

Para reducir su dependencia externa, Pemex también ha lanzado un proyecto de construcción de un complejo petroquímico en conjunto con inversionistas privados denominado "Fénix", cuya inversión ascendería a unos 2.600 millones de dólares.

La operación de esta planta permitirá a Pemex reducir anualmente importaciones de estos productos por valor de unos 2.500 millones de dólares.

Ocho compañías, entre ellas cinco extranjeras, presentaron propuestas para adjudicarse el proyecto.

Aunque son las empresas ganadoras las que determinarán el sitio donde se construirá el complejo, del que Pemex será socio minoritario y garantizará el abastecimiento de materias primas, los estados de Tamaulipas y Veracruz, ambos en el Golfo de México, mantienen una pública lucha por quedárselo.

En el sureste de México, los estados de Campeche, Chiapas, Tabasco, Veracruz y Yucatán, concentran el 97,6 por ciento de la producción petrolera, el 69,7 por ciento de la de gas, el 80 por ciento de la petroquímica y 40,5 por ciento de la generación de energía eléctrica, aunque paradójicamente son los más pobres y atrasados del país.

En este sentido, la especialista Leticia Armenta señaló que los políticos mexicanos deberían trabajar en conjunto con las autoridades para elaborar un "plan nacional hacia la construcción de nueva infraestructura para el crecimiento, cuyas piezas fundamentales son precisamente la energética y la fiscal".



México, uno de los mayores productores de crudo del mundo. Foto: EFE

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