MONTERREY, México, ago. 23, 2004.- En su intento por buscar el sueño americano de todo ilegal, Pascual Humberto Cepeda, originario de El Salvador fue testigo de como un accidente le arrebató la vida a uno de los 26 ilegales que viajaban en el ferrocarril que se dirigía a Nuevo Laredo. Milagrosamente resultó ileso.
Relató que minutos después de que el tren de Transporte Ferroviario Mexicano (TFM) que arrastraba 90 furgones se descarriló sólo escuchó muchos gritos.
“Ya en el camino el tren se movió y cuando vi para atrás ya no había carros en la línea salimos huyendo nosotros, todos... miraba un hoyo en dónde iban a enterrar a todos”, dijo Cepeda.
-¿Gritos escuchaste?
-Gritos cuando uno se quiere salvar y no puede”, agregó Cepeda.
En dos meses y medio, Pascual, asegura que sufrió en nuestro país un asalto en Chiapas en el que degollaron a su primo, fue víctima del supuesto acoso de los cuerpos policíacos que tuvo que buscar la mejor manera de ocultar el dinero, que para ellos en este viaje vale oro.
-“¿Cuantos días llevas viajando?
-Como 28 días ya, expresó Pascual.
-¿Viajando? -Pidiendo y en Rite y trabajando, aquí todavía tengo 50 pesos que me los han dado... aquí los traigo un pastor me los dio... aquí los tengo escondido porque me los roban, aquí los cargo escondidos, me dijo el pastor llévatelos porque estos te puedo servir para el camino", dijo Pascual.
Transporte Ferroviario Mexicano continúa removiendo los restos del ferrocarril esperando no encontrar a mas ilegales muertos.
Una de las líneas de investigación sobre las causas que provocaron el siniestro es que fueron los ilegales quienes soltaron los vagones del ferrocarril ya que había un reten de militares a dos kilómetros del lugar donde quedaron dispersos los 22 furgones.
Pascual se encuentra a disposición de las autoridades de migración en Anáhuac, Nuevo León. Y asegura que si lo deportan a su país buscará de nuevo el sueño americano.