CIUDAD DE MÉXICO, México, sep. 6, 2004.- Veinte años tuvieron que pasar para que Mario Flores Urban volviera a reunirse con su familia. Casi dos décadas estuvo preso y condenado a la pena capital, en una cárcel de Illinois, en Estados Unidos, acusado de un crimen que no cometió, él asesinato de un pandillero.
“Los oficiales al leer la pena de muerte me decían, pues a quien mataste,¿ al presidente? entonces todos se sorprendían, porque me dieron la pena de muerte”, señaló Flores Urban.
Los años de prisión, dice, no lograron doblarlo, ni a él, ni a su familia, la que siempre lo apoyo y luchó por demostrar su inocencia.
“Era así como mano y guante. Yo llamaba, ellos sabían cada movida o paso que iba a hacer. Venían a visitarme, ellos me mandaban dinero... entonces era vital, sin mi familia y por eso tal vez otros presos no han logrado lo que yo he logrado.”, dijo Mario.
En la cárcel no perdió el tiempo, estudio leyes, se intereso en distintas religiones y aprendió a pintar.
Sus obras son conocidas en Estados Unidos, México, España y Suiza.
Como su caso se conoció dentro y fuera de Estados Unidos, a la postre y con el apoyo del gobierno mexicano recobro su libertad.
Este lunes Mario Flores Urban es un hombre diferente, con ideas que sorprenden, para él los años en prisión no pasaron en vano.
“Sí, te digo, mi mamá chillan y lloran ¡ay pobrecito mi hijo ha de estar sufriendo la prisión! y para mí era como dices una academia”, aseguró Mario Flores.
Y aunque sus ideas y actitudes no parecen ser las de un hombre que paso 20 años en prisión esperando ser ejecutado, su familia sabe bien cual fue el precio de su libertad.
“Para nosotros fueron muchas lágrimas, muchas angustias, cuando nos dictaban su, siempre pena de muerte, fue como que le sangra a uno el cuerpo, algo muy poderoso, un dolor muy grande”, señaló Ana Urban, madre de Mario Flores.
“Me comentaban que ganamos. Nosotros no ganamos, aquí no hubo ganador, porque los 20 años de él y de sufrimiento de nosotros con que se los pagan”, indicó Ramiro Flores, padre del liberado.
La sentencia contra Mario Flores Urban puso fin a una prometedora carrera deportiva, los clavados eran su especialidad, varias universidades le ofrecían becas para representarlas.
Hoy a sus 39 años sabe que la vida no se acaba en prisión, enfrentara nuevos retos, quiere estudiar medicina, independizarse y formar una familia.
“Para que yo pueda salir en las noticias de Estados Unidos 10 años después de este día y digan: ¡hey!, este es el cuate que iban a ejecutar. Mírenlo ahora... ahí va a estar mi revancha”, concluyó Flores Urban.