Haga clic aquí para ver el sitio especial del Papa Juan Pablo II GUADALAJARA, México,17 oct. 2004.- Fue una semana de misas, conferencias, reflexiones y muestras de fervor en las calles, que se vio reconocida y alentada por el esfuerzo que al final hizo su santidad Juan Pablo II, durante la Clausura del 48 Congreso Eucarístico Internacional, en el estadio Jalisco de Guadalajara.
Durante el mensaje de Su Santidad, cientos de fieles no pudieron evitar las lágrimas y es que les resultó conmovedor el sacrificio del Papa por iniciar y después concluir él mismo su mensaje.
El Papa Juan Pablo II logró pronunciar 388 palabras, en las que el dolor físico que lo aqueja fue evidente.
Algunos feligreses lloraron, decían estar conmovidos por el mensaje.
Para sacerdotes y obispos fue una muestra de fortaleza que El Papa diera el mensaje por sí mismo.
El padre Patrick, misionero de la Caridad, en Los Ángeles, dijo que “esto nos hace llorar, ver que con todo su esfuerzo quiere compartir con nosotros, y eso significa todo, y aunque nosotros no podemos oír mucho, su corazón nos habla “.
José Guadalupe Martín Rábago, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), aseguró que “aunque lo oímos hablar con dificultad, alcanzamos a percibir sus palabras, palabras que nos llenan de fe y esperanza y sobre todo de sentir la cercanía espiritual del Papa con los mexicanos y con toda la comunidad internacional aquí congregada”.
El mensaje de su santidad también fue escuchado por Carlos Abascal, secretario del Trabajo, quien recibió la comunión de manos de enviado del Papa en el Congreso Eucarístico.
Entrevistado, el secretario del Trabajo declaró que “la eucaristía es luz y la eucaristía es paz, a eso es a lo que vine como católico, no hubo una invitación oficial, no vengo con la representación del Gobierno”.
MENSAJE INTERRUMPIDO
Antes de pronunciar la primera palabra, se notó el esfuerzo del Papa Juan Pablo II desde el altar de la confesión, en El Vaticano.
En el estadio Jalisco, más de 50 mil fieles querían animarlo vía satélite.
Inició con las mismas palabras que se despidió la ultima vez que estuvo en México.
"Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo, os saludo a todos los que estáis en Guadalajara”, dijo.
La televisión es como un puente tendido entre los continentes, explicaba Su Santidad, cuando vino el momento más difícil.
"Y hace que nuestro encuentro de oración sea como una statio orbis, ideal a la cual se unen los creyentes de todo el orbe” afirmó Su Santidad.
Su respiración no le favorecía.
"Su ministerio de muerte y resurrección en la cual se unen el cielo y la tierra y se encuentran los pueblos y culturas diversas, Cristo es nuestra paz haciendo de los dos un solo pueblo, sea alabado Jesucristo”, agregó.
Sea alabado Jesucristo no apareció en su mensaje original...significaba que no podía continuar.
El cardenal Leonardo Sandri, secretario Sustituto del Estado Vaticano, quien fuera nuncio apostólico en México, fue la voz de lo que El Papa quería decir.
"El mundo tiene necesidad de luz, en la búsqueda difícil de una paz que parece lejana al comienzo de un milenio perturbado y humillado por la violencia, el terrorismo y la guerra”, mencionó el Cardenal Leonardo Sandri.
Hay sombras amenazadoras de la vida como la cultura que no la respeta, la indiferencia que condena al hambre y al subdesarrollo, una búsqueda científica que a veces está al servicio del egoísmo mas fuerte, advirtió.
" No nos dejes prisioneros de las sombras de la noche, ampáranos en el cansancio”, dijo Su Santidad.
Pero de su propia voz salió la bendición.
Pidió a Dios el gusto de una vida plena para caminar como peregrinos seguros y alegres hacia la meta de una vida sin fin.
"Quédate con nosotros señor, quédate con nosotros, amen”, pidió Juan Pablo II.
Anunció que el próximo Congreso Eucarístico Internacional será en Quebéc, Canadá. Así concluyó:
"Que este anuncio suscite en los fieles un fuerte empeño a vivir más intensamente el presente año de la Eucaristía”.
El Papa Juan Pablo II logró pronunciar 388 palabras, en las que el dolor físico que lo aqueja fue evidente.
En un intento por corresponder, porras, aplausos y la música de regalo, hasta el Vaticano.