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CIUDAD DE MÉXICO, México. oct. 19, 2004.- "La cárcel", lugar temible para quienes no viven de delinquir y por causa fortuita, cometen alguna violación al orden civil.
Aquí en la cárcel ha nacido un rito de esperanza para quienes tienen la desgracia de verse privados de su libertad, y en su afán de borrar de la memoria las penurias vividas durante el arresto, la averiguación, el proceso, la sentencia y los días en la cárcel, siguen al pié de la letra este rito para no caer otra vez.
“Y que todas las personas que salen ya sea absueltas, ya sea por una sentencia, pero que logran su libertad, se quema la ropa en señal de que en primera, por higiene; en segunda, porque es una costumbre que adentro los internos van trasmitiendo y hacen la quema para que no vuelvan a regresar”, explicó el abogado Joaquín Ponce Leñero.
El rito comienza cuando el interno sale a la calle y de inmediato es cubierto con una sábana por sus familiares, quienes lo protegen y lo cubren mientras se despoja de la ropa que estuvo también dentro de la cárcel.
Culmina esta ceremonia, cuando los familiares bañan con alcohol esta ropa y le prenden fuego.
El rito no es infalible, y como toda regla, tiene sus excepciones.
Reportero.- ¿Tiene usted algún cliente, algún representado que haya regresado a pesar de que haya quemado la ropa? Joaquín Ponce Leñero.- Desde luego, pero es desgraciadamente por las costumbres o por el mal comportamiento, que en un momento dado vuelven a delinquir.
Aún así, el rito continúa con casi todos los internos, cuando recuperan uno de los más preciados bienes del ser humano: “su libertad”.