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CIUDAD DE MÉXICO, México, oct. 22, 2004.- El Ejército Mexicano logró la captura del narcotraficante Carlos Alberto Rosales Mendoza tras intensas labores de inteligencia militar, que revelaron que ese delincuente planeaba el rescate de su jefe, Osiel Cárdenas Guillén, preso en el penal de alta seguridad de “La Palma”, en Almoloya de Juárez, estado de México.
Gerardo Clemente Vega García, titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), informó la mañana de este lunes en conferencia de prensa que la captura de Rosales Mendoza se concretó el domingo en el fraccionamiento Vista Bella, del municipio de Morelia, en Michoacán.
El funcionario dijo que en coordinación con la Procuraduría General de la República (PGR), los militares rastrearon el paradero del narcotraficante en Tamaulipas, Jalisco, Guerrero y Michoacán, donde finalmente lo capturaron.
Con Rosales Mendoza fue detenido también su lugarteniente, Roberto Huerta Ríos, a quienes les incautaron dos armas largas y cuatro cortas, todas de uso exclusivo del Ejército y Fuerza Armada.
Clemente Vega destacó que las investigaciones que condujeron a estas detenciones se iniciaron desde 2003, cuando se presume la participación de Rosales Mendoza en los asaltos a dos penales de los que liberó a reos involucrados con su banda delictiva.
El secretario de la Defensa Nacional señaló que la historia delictiva de este narcotraficante se remonta a 1990, cuando junto a Armando Valencia Cornelio, líder de la banda de "Los Valencia", proveían y distribuían drogas tanto de los hermanos Arellano Félix como de Cárdenas Guillén.
Sin embargo, debido a diferencias con "Los Valencia", Carlos Alberto Rosales inició una violenta guerra por el control de los narcóticos en Michoacán, que produjo la muerte de varias decenas de sicarios de ambos bandos.
Tras la captura de Armando Valencia, Rosales Mendoza logró el control de una vasta zona de distribución de enervantes, que comprendía los estados de Jalisco, Colima, Guerrero y Michoacán.
El titular de la Sedena destacó que en la captura de ese criminal, las Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano no se vieron obligadas a enfrentarse a balazos con los narcotraficantes, y ponderó la estrecha colaboración que se dio entre dicha dependencia y la PGR.