TUXTLA GUTIÉRREZ, México, nov. 8, 2004.- Flor Patricia Martínez Aguilar, de 18 años de edad, rescatista con especialidad en espeleología de la Cruz Roja de San Cristóbal de las Casas, fue la primera persona que logró entrar más profundamente a la cueva en Chilón, Chiapas, donde quedaron atrapados los niños Pascual y Miguel Saraoz. Flor Patricia, fue la primera en entablar conversación con los pequeños y grabar imágenes.
"Nosotros les preguntamos cómo están, si están bien, más o menos por donde estaban. Ellos no saben, lo único que se escuchaba eran los lamentos que yo no podré olvidarlos, fueron algo traumante, se escucha como Miguel, el más grande, gritaba papá y mamá, hablaba en su idioma, el pequeño todavía escuché que se quejaba, se quejaba mucho, ellos lloraban, en el video se muestra cómo lloran y piden auxilio, lloran piden auxilio que ya los saquen", señaló Flor Patricia Martínez Aguilar, socorrista.
"Miguel tranquilo, te vamos a sacar ahorita, te vamos a sacar, tranquilo", gritaba el rescatista al niño.
La rescatista logró penetrar hasta casi seis metros de donde se supone estaban Miguel y Pascual Saraoz Jiménez de seis y cinco años de edad respectivamente.
Y lo logró por su menuda complexión.
Flor Patricia, mide 1.43 metros de estatura, pesa 42 kilos y por su complexión fue la primera en entrar a la cueva y grabar las imágenes que presentó en primicia Noticieros Televisa.
"Cuando yo entré, no entré con casco, con nada más, sino con una simple cuerda asegurada, ni el casco entraba pero me dijeron que entrara así porque con casco al contrario te vas atorar y no vas a salir, me quité el casco, a valor mexicano", dijo Patricia Martínez, rescatista de la Cruz Roja.
Esta es la narración que hizo Flor Patricia, junto con otros compañeros apenas el martes 2 de noviembre cuando entró a la cueva.
"Nos encontramos con una pala pequeña, este es un marro, tenemos un espacio, entonces las personas deben ir. Te das cuenta que al fondo hay un codito que ella ya entró para adentro, midiendo con la piola, son ocho metros", comentó Martínez.
La frustración y la impotencia tocó el corazón de los rescatistas cuando el jueves pasado una lluvia anegó la cueva y se esfumaron las esperanzas de encontrar a los niños con vida.
"Me sentí mal, triste, lloré porque yo escuché a los niños pidiendo auxilio, se siente uno impotente de no poder hacer nada. Voy a rezar porque los niños donde se encuentren estén bien, ya que no pudimos hacer nada, sólo nos queda pedir por ellos, que los cuerpos se rescaten", afirmó la rescatista de la Cruz Roja.
A ocho días del accidente, se comenzó perforar un agujero lateral a la cueva para tratar de rescatar los cuerpos.
LA CAVERNA DE JOCHIB: LA HISTORIA DE DOS NIÑOS Entraron a esta carvena hace nueve días tratando de cazar un tepescuintle.
Miguel y Pascual Saraos Jiménez, indígenas tzeltzales de cinco y seis años de edad, no pudieron salir porque un derrumbe los dejó atrapados 37 metros bajo tierra.
Su padre avisó a los cuerpos de rescate que llegaron un día después a este paraje de dicícil acceso.
Elementos de la Cruz Roja y la Dirección de Protección Civil de Chiapas iniciaron los trabajos de rescate.
Conforme avanzaban, a caverna se hacía más estrecha, había que excavar piedras con las manos.
Siempre con el riesgo de otro derrumbe.
Pero dos débiles voces los impulsaban a continuar excavando sin descanso. Los menores estaban vivos y se comunicaban con ellos.
“Quieren que los saquemos, nos pidieron agua, nos pidieron comida, se ha estado intentando la posibilidad de suministrársela”, decía Daniel Cuate, de Atención a desastres de Protección Civil, en Ocosingo, Chiapas.
Transcurrieron cuatro días y el avance era insuficiente, los menores continuaban dando señales de vida.
Todo ese tiempo, sus familiares experimentaron un abanico de sentimientos, impotencia, tristeza y desesperación.
“Está duro su corazón dice, porque no ha visto a sus hijos...cuando salgan sus hijos dice que los va a llevar a curar dice que los va a llevar a curar si no han muerto, dice”, comentó Carlota Jiménez, madre de Miguel y Pacual Saraos Jiménez.
La noche del jueves el cielo se nubló y empezó a llover, a llover como sólo llueve en la selva.
Se cumplía el peor de los pronósticos.
Minutos antes de la una de la mañana del viernes cinco de noviembre, la precipitación pluvial, la cantidad de lluvia que cayó en esta zona se la selva chiapaneca inundó esta cueva donde se encuentran los niños Miguel y Pascual Saraos Jiménez.
Cinco horas de lluvia apagaron la última esperanza.
Al amanecer ya no se volvieron a escuchar las voces de Miguel y Pascual.
Dos días después los mayores del pueblo hicieron una ceremonia religiosa para pedir por el descanso de sus almas.
Ahora las autoridades intentan recuperar sus restos.