CIUDAD DE MÉXICO, México, nov. 11, 2004.- Los obispos que integran la Conferencia del Episcopado Mexicano, expresaron su preocupación por la pobreza extrema de millones de mexicanos, y también, por el clima de desesperanza que prevalece. “No sólo nos preocupa la pobreza, nos preocupa la falta de esperanza, hay mucha gente que ha perdido la esperanza en sí mismos, en la vida, en un posible cambio... Nos preocupa la falta de confianza hacia las instancias políticas y oficiales... Nos preocupa el linchamiento público que hay entre los que aspiran al poder”, dijo monseñor Felipe Arizmendi, obispo de San Cristóbal de las Casas.
En el tercer día de la Asamblea anual numero 78 de la CEM, en Lago de Guadalupe, los prelados católicos reflexionaron sobre diversos asuntos. Calificaron de vergonzosos e injustos los contrastes entre ricos y pobres en este país.
“México tiene que trabajar porque haya una clase media sólida... México no es un país, para que haya pocos ricos y pocos pobres... Tampoco es un país, en el que todos deban ser ricos...”, subrayó monseñor Arturo Szymanski, arzobispo emérito de San Luis Potosí.
Para los integrantes de la CEM, la corrupción siempre ha existido, salvo que ahora sale a la luz pública.
“Tal vez ahora se exhibe más fácilmente la corrupción, por esta incipiente democracia en la que estamos aprendiendo y caminando... Estamos asistiendo al espectáculo de que se descobijan unos a otros... Cuando privaba más un monopartidismo también se daba en los distintos estratos de la esferas políticas y sociales”, dijo monseñor Javier Navarro.