CIUDAD DE MÉXICO, México, nov. 28, 2004.- Desde que tomé posesión como Presidente de la República, hace cuatro años, he trabajado para lograr que las y los mexicanos dejemos atrás el sistema autoritario que tanto nos dañó y transitemos a una democracia plena e integral. Hemos alcanzado ya un ejercicio pleno de las libertades a las que siempre tuvimos derecho, pero que el autoritarismo no nos permitía ejercer. Esto es un cambio político de gran magnitud, logrado gracias al trabajo conjunto.
Mi gobierno, emanado de la libre voluntad de la mayoría de las y los ciudadanos, ha unido sus esfuerzos a los de la sociedad para lograr que estos cambios políticos se vean fortalecidos por cambios económicos y sociales de gran importancia.
La democracia que queremos en México no es sólo política; queremos también una democracia que se traduzca en igualdad y justicia para todos. Ante todo, el respeto a la ley.
El gobierno del cambio democrático ha partido de lo que señala la Constitución, para mejorar el funcionamiento de nuestras instituciones e impulsar la adopción de nuevas leyes.
Hemos sido escrupulosos respecto de lo que marca la ley porque sabemos que, sin respeto al Estado de derecho, no hay verdadera democracia.
El antiguo ejercicio autoritario del poder por parte del Presidente se ha sustituido por el respeto estricto a las atribuciones que designa la Carta Magna para cada uno de los Poderes de la Unión.
Esta decisión, siendo la correcta, ha implicado un difícil proceso de negociación con grupos que pretenden la continuidad. No obstante, estoy convencido de que, en el mediano plazo, el equilibrio de poderes será una práctica que proteja a nuestra democracia de cualquier amenaza.
Uno de los cambios que distinguen a la democracia que vivimos es que ahora existen mecanismos para que el poder se ejerza de cara a los ciudadanos.
El poderoso impulso cívico que hizo triunfar a la democracia en julio de 2000 se ha visto reflejado en un gobierno orientado y sustentado por la ciudadanía.
Esto ha producido un cambio en la cultura política que contribuye a que los mexicanos ejerzamos una estricta vigilancia sobre quienes nos gobiernan.
Ha otorgado también un nuevo sentido a los valores de libertad, justicia y tolerancia. Ahora la responsabilidad compartida de gobierno y ciudadanía se fundamenta en un compromiso ético.
LA REFORMA GRADUAL DEL ESTADO
El gobierno del cambio democrático optó por emprender una reforma gradual del Estado. Nuestros esfuerzos han estado dirigidos hacia dos propósitos:
- Hacer del gobierno democrático un ejemplo de calidad y transparencia.
- Garantizar que los avances de la democracia trasciendan la temporalidad de los gobiernos para convertirse en cambios perdurables que favorezcan a muchas generaciones.
Hemos trabajado en la construcción de un buen gobierno que ofrezca servicios de calidad, de rápida atención a las demandas ciudadanas, rinda cuentas claras y fomente entre los servidores públicos una auténtica vocación de servicio.
Una democracia no puede funcionar si en el seno mismo del gobierno existen personas apáticas o corruptas. Por ello, nuestra lucha contra el burocratismo y la corrupción ha sido firme y continua.
Los cambios en materia política se han visto acompañados de un manejo responsable de la economía y de estabilidad económica. El gobierno tomó la determinación de no poner en juego el patrimonio del país y de cada uno de sus ciudadanos.
Gracias a ello, ahora transitamos por la senda de un crecimiento que se comienza a reflejar en la recuperación del empleo y en la mejor distribución del ingreso.
Con nuestro tránsito a la democracia, el desarrollo social también ha adquirido una nueva dimensión en la que el gobierno lucha para que cada mexicana y cada mexicano sea un miembro pleno de nuestra sociedad.
Hemos trabajado intensamente para eliminar las desventajas sociales y para que cada mexicano, con el apoyo del gobierno, pueda salir adelante con su propio esfuerzo. La búsqueda del bien común ha hecho que nuestra política social privilegie la dignidad de las personas y el sentido humano de la gestión pública.
Lograr que las ganancias políticas, económicas y sociales de la democracia se vuelvan permanentes ha exigido impulsar nuevas leyes, acordes a la realidad política que vivimos.
Tal es el caso de la nueva ley contra la Discriminación, de Desarrollo Social, de Fomento a Actividades de Organizaciones de la Sociedad Civil, de Transparencia y Acceso a la Información, del Servicio Civil de Carrera, de Desarrollo Rural y la que crea el Seguro Popular. Con todas ellas, hemos transformado reglas e instituciones en herramientas para la democracia.
LA DEMOCRATIZACIÓN, UNA LABOR DIFÍCIL PERO NECESARIA
La transformación política y social a la que nos lleva la democracia no ha estado libre de las tensiones propias de una sociedad libre y deseosa de hacer uso de esa libertad para expresarse.
La polémica, la confrontación de ideas y, en ocasiones, el disenso son manifestaciones propias de una sociedad democrática. Aceptarlas es parte de nuestro crecimiento como país.
Hace cuatro años iniciamos una tarea histórica: el cambio democrático. Esta labor pionera ha sido difícil pero gratificante porque todos los que participamos en ella lo hacemos conscientes de que sentamos los cimientos del México por el que tanto hemos luchado.
Paso a paso dejamos atrás la prepotencia, el engaño, la estafa y la ambición para reemplazarlos por prácticas políticas distintas por su sentido ético.
Aprovecho este aniversario para refrendar el compromiso que asumí ante el pueblo de México y para reiterar que lo cumpliré hasta el último día de mi mandato. Les puedo asegurar que lo mejor está por venir.
No tengo la menor duda de que, juntos, sociedad y gobierno seguiremos avanzando en la construcción de una democracia plena e integral.