CHIAPAS, México, dic. 19, 2004.- El obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel, dijo que días antes de la masacre de Acteal en donde 45 hombres mujeres y niños indígenas fueron asesinados por presuntos paramilitares, se le advirtió al entonces gobernador de la posibilidad de que en la entidad se presentara un problema serio en la zona altos. “Como que no le dieron la dimensión que esto iba a tener; yo dije en días pasados que en una semana antes, en una conversación que tuve con el entonces gobernador Julio César Ruiz Ferro, yo le decía a el que a distancias nosotros veíamos que esto era un problema que iba a traer perores resultados y no le dieron la importancia que tenía, pero no están fácil decir que jurídicamente se pueda comprobar una omisión, eso no me toca a mí juzgarlo”, señaló Felipe Arizmendi.
El religioso abundó que aún hay quienes consideran que la justicia plena no ha llegado a los familiares y a las víctimas de aquella masacre.
“Hay algunos a quienes ellos consideran responsables de la masacre y están libres, lo triste también es de que algunos de que en efecto pueden ser inocentes y están detenidos y están pagando culpas que no deben”, agregó.
Dijo también que la injusticia se manifiesta entre algunos de los detenidos, acusados de participar en la masacre de aquel 22 de diciembre de 1997.
“Yo entiendo que las autoridades no siempre pueden proceder como se debiera pero es ahí donde está todavía el reclamo constante, que se acabe de hacer justicia y reitero que los culpables puedan ser detenidos y los inocentes puedan salir libres”, puntualizó el obispo.
Sin embargo Arizmendi Esquivel celebró que a siete años de consumada la masacre, no se hayan registrado hechos sangrientos como el de Acteal.
“Lo positivo es de que todos los que fueron expulsados o desplazados de ahí ya todos retornaron a sus lugares de origen salvo uno que otro caso por ahí”.
El próximo 22 de diciembre se cumplirán siete años de que los 45 indígenas fueran asesinados mientras se encontraban en una jornada de oraciones por la paz.
Los habitantes de la pequeña comunidad recordarán a las víctimas con una misa que se realizará en la capilla en donde se encuentran sepultados.