CIUDAD DE MÉXICO, México, dic. 29, 2004.- Phuket uno de los destinos turísticos más conocidos y visitados de Tailandia. Días antes de que se produjera el maremoto que arrasó el sureste asiático, las playas de Phuket estaban atestadas de turistas provenientes de Europa principalmente, pero no eran los únicos también habían mexicanos.
Uno de los turistas mexicanos es el empresario Tlahuicole Calva Dayah, de 32 años.
Desde hace año y medio vive en Bangkok, pero el día del desastre, junto con un amigo, también mexicano, vacacionaba en Phuket.
La mañana que se produjo el maremoto no fueron a la playa porque la noche anterior se habían desvelado.
Tlahuicole recuerda así los minutos previos al maremoto, en una entrevista telefónica desde Bangkok:
“Al momento del terremoto yo estaba en cama, estaba durmiendo y sentí muy, muy, fuerte el movimiento, pero creí que estaba soñando porque aquí prácticamente nunca, nunca hay temblores”, comentó Tlahuicole.
La sorpresa entre los huéspedes del hotel donde se hospedaban Tlahuicole y un amigo fue mayúscula, pero aun así no salieron del lobby.
El mexicano Tlahuicole prosiguió: “lo más curioso de todo es que parece que no pasa nada, en el lugar donde yo estoy simplemente no pasa nada, lo que sí empezamos a notar es que deja de haber servicios en el hotel. Ya no podemos pedir alimentos o prácticamente sólo lo básico... Es ahí cuando definitivamente comenzamos a ver que paso algo grave, porque la gerencia está permitiendo que todos los empleados salgan a ver como están sus familias”.
Para fortuna de este mexicano y su amigo, las grandes olas generadas por el terremoto no destruyeron el hotel donde ese hospedaban.
Este martes regresaron a Bangkok, donde los servicios médicos están requiriendo el apoyo de los turistas extranjeros para donar sangre ya que “lamentablemente hay mucha incompatibilidad de tipos de sangre entre los extranjeros y los tailandeses”, comentó Tlahuicole.
Este miércoles en Bangkok, la prensa tailandesa, según Tlahuicole Calva, lamenta la falta de un sistema de alerta que pudo haber reducido la magnitud de los daños causados por el maremoto que llevó muerte y destrucción al sureste asiático.