CIUDAD DE MÉXICO, México, mar. 24, 2005.- El Jueves Santo según las escrituras, es el día en que Jesús proclamó su vocación de servicio al reino de Dios, durante la última cena con los apóstoles. Cena en que comparte el pan y el vino, símbolos de su carne y su sangre: La Eucariastía.
En presencia del cardenal Norberto Rivera, este jueves en misa de 9 en Catedral, se dio lectura a un mensaje enviado por el Papa Juan Pablo II.
“Enfermo entre los enfermos, uniendo en la eucaristía mi sufrimiento al de Cristo. Con este espíritu deseo reflexionar con vosotros sobre algunos aspectos de nuestra espiritualidad sacerdotal: la santidad es la expresión plena de la salvación sólo viviendo como salvados, podemos ser anunciadores creíbles de la salvación”.
Un mensaje papal que revela la fragilidad de la salud del Pontífice, pero también su preocupación por el comportamiento de los sacerdotes de la fe católica.
Aquí en Catedral, un mensaje dirigido especialmente a los presbíteros que este día refrendaron sus votos de fe.
“Al conmemorar hoy el día en que Cristo nuestro señor comunicó su sacerdocio a sus apóstoles y a nosotros. ¿quieren ustedes renovar sus promesas que hicieron el día de su ordenación?”, preguntó el arzobispo Rivera Carrera.
Tras el mensaje papal, se celebró la Misa Crismal en que se consagran los santos óleos, los aceites que se utilizarán durante el año en todos los eventos litúrgicos católicos en la Ciudad de México.
Fieles de todas las edades rememoraron la cena de Pascua: tradición hebrea que significa el paso de la esclavitud a la libertad.
La última Cena de Cristo, que marca este 2005, año Eucarístico.
Al final hubo aplausos y una celebración católica muy a la mexicana