CIUDAD DE MÉXICO, México, abr. 5, 2005.- Desde el México siempre fiel, hasta la Roma del Santo Padre miles de mexicanos, como doña Elena emprendieron el vuelo para darle un último adiós al Papa Juan Pablo II. Ni sus 78 años de edad y ni las más de 10 horas de vuelo representaron un obstáculo para doña Elena.
“Yo quiero mucho y quise mucho a su santidad... Yo lo oí muchas veces, por eso me emociona. De pronto tenía yo como miedito ir sola. pero dije, no Dios está conmigo y la santísima virgen de Guadalupe”, comenta doña Elena.
Como ella, más de 3 millones de feligreses se reunirán esta semana en Roma. Entre ellos, un grupo importante de mexicanos.
“Nosotros hemos hecho un estimado de mexicanos que pudieran ir toda esta temporada completa, alrededor de 20 mil de mexicanos, de la República mexicana y también de Estados Unidos”, afirmó Jorge Hernández, presidente nacional de la Asociación Mexicana de Agencias de Viajes.
Con esfuerzos, los hijos de doña Elena hicieron realidad su anhelo de acompañar a Su Santidad en sus funerales.
“Entre todos los hermanos estuvimos buscándole un vuelo a mi mamá, que estuviera de acuerdo a sus necesidades. Porque todo está agotado”, relató Rosa, una de sus hijas.
Para otros, la posibilidad de rendirle homenaje al Papa este viernes en Roma, representó un sacrificio de años de trabajo y de ahorro.
Don Roberto y sus dos hijos, viajaron desde Tierra Blanca, Veracruz. No han encontrado aún hospedaje en Roma, pero a pesar de ello partieron para despedir a Su Santidad.
“Hice el sacrificio y como dice usted me apreté el cinturón y pues vamos ir para allá... La verdad que estamos haciendo un esfuerzo y vamos a tratar de verlos, cuando menos ya no en vida pero darle el último adiós”, dijo don Roberto.