CIUDAD DE MÉXICO, México, mayo. 3, 2005.- Durante los últimos meses, Luis Ernesto Derbez anduvo muy activo. Y por ello, él y la política exterior mexicana, tuvieron que hacer grandes sacrificios. Primer sacrificio: Tuvo que abandonar sus anunciadas aspiraciones presidenciales. Luis Ernesto Derbez se bajó de la contienda por el 2006 para subirse a la contienda por la Secretaría General de la OEA.
Segundo sacrificio: Durante casi 5 meses, prácticamente no se le vio el polvo, porque andaba realizando un intenso cabildeo entre los 34 países votantes.
Tercer sacrificio: En tercer lugar, durante esos 5 meses, tuvo que dejar en otras manos la participación de México en algunos muy importantes temas de la agenda global y bilateral, entre los que destacan el voto de mexicanos en el extranjero, la caza de ilegales en la frontera y los debates de la Declaración de Tlatelolco sobre el desarme nuclear.
Cuarto sacrificio: Nuestro canciller tuvo que aguantar las cinco rondas de votación por el empate a 17 votos, el pasado 20 de abril. El pobre no tenía tiempo ni para ir al baño.
Quinto sacrificio: Tuvo que grillar muchísimo para conseguir un voto más, es decir juntar los 18 votos necesarios para ganar, además de convencer a Condoleezza Rice para que EU nos diera su apoyo.
Sexto sacrificio: Tuvo, además, que soportar toda clase de insultos y malos tratos por parte de Fidel Castro, que de peón de los intereses norteamericanos, no bajó a nuestro pobre Canciller.
Y al final, Derbez se rajó, perdón, se bajó de la competencia y declinó a favor del otro candidato: el chileno José Miguel Insulza.
¿Y todo para qué? Para "garantizar la unidad", dice Derbez. O para que Fidel se aliviane, dicen los malpensados. O simplemente, para complacer a Condoleeza, que de última hora, habría cambiado de opinión y apoyado al candidato chileno.
Pero es normal: cambiar de opinión está últimamente muy de moda.