CIUDAD DE MÉXICO, México, jul. 2, 2005.- Saldo blanco fue el reporte de la Policía Preventiva del Distrito Federal al término de la celebración del "2 de julio" en el Ángel de la Independencia. “La gente llegó tranquila, sale tranquila, ningún incidente, ningún robo, ningún lastimado, todo bien”, señaló Lorenzo Fernández, director de la primera región de la Seguridad de Seguridad Pública del DF.
Los participantes comenzaron a llegar desde muy temprano al monumento al Ángel de la Independencia y se retiraron después de las dos y media de la tarde.
Los asistentes señalaron que fue un evento en el que reinó la civilidad.
La seguridad del evento estuvo a cargo del Estado Mayor Presidencial, que contó con el apoyo de mil 300 uniformados de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, los cuales realizaron cortes a la circulación vehicular y vigilaron las zonas cercanas al Ángel de la Independencia.
UNA FIESTA MÁS
Testigo de miles de celebraciones, este sábado la victoria alada conoció una más.
La celebración del 2 de julio; el quinto aniversario de aquella jornada electoral que instaló en el vocabulario común una palabra hasta entonces poco usada: alternancia.
Desde temprano, el Ángel de la Independencia apareció enrejado. Elementos de seguridad de distintas corporaciones se encargaron de cuidar a los festejadores del 2 de julio.
Igual granaderos, que Fuerzas Federales de Apoyo y Estado Mayor Presidencial. Todos en un mismo lugar.
Veinte minutos antes del mediodía, la celebración arrancó con traje grupero.
La primera en ponérselo fue Alicia Villarreal, que desde uno de los dos escenarios instalados en las bahías del monumento, le puso calor y color a la fiesta.
"¡A ver, cómo están los azules!, gritó Alicia Villarreal.
Sí, azules, porque aún cuando la convocatoria al acto vino formalmente de organizaciones civiles, distintos comités estatales del Partido Acción Nacional se dejaron ver y oír.
Los de Puebla y Jalisco que llegaron con todo y banderines; los de San Luis Potosí que enseñaron mantas.
Los de Morelos, los de Aguascalientes, los de Guanajuato y los de Oaxaca, que aprovecharon el discurso para descansar los pies.
Aunque también estuvieron en la celebración los movidos por propia voluntad.
Y los que pidieron con cartón y plumón, respeto a sus convicciones.
Como sea, la fiesta fue. La Banda Maguey, Ana Bárbara, la batucada verde amarela, los discursos, los aplausos, los invitados especiales, los papeles de colores y la despedida.
El adiós.
Porque cuando el reloj marcó las dos de la tarde, la circulación comenzó a abrirse y para entonces, el Ángel, ese testigo mudo, ya tenía una historia más que contar.