CIUDAD DE MÉXICO, México, jul. 29, 2005.- El plazo se cumplió. Como lo prometió el pasado 25 de abril, Andrés Manuel López Obrador dejó este viernes la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal y rindió su segundo informe de gobierno trimestral, el último de su administración. Por las calles aledañas al Auditorio Nacional se podía observar a la gente presurosa por llegar al lugar del evento; con invitación en mano, llegaban a las escalinatas del centro de espectáculos que en está ocasión albergaría el informe de actividades del político tabasqueño.
Integrantes del Movimiento Zapatista Independiente, Asamblea de Barrios, la Brigada Blanca, contingentes de algunas delegaciones del Distrito Federal y algunos adultos mayores (los principales beneficiarios de los programas sociales de AMLO), comenzaron a vitorear los primeros elogios para el hasta hoy jefe de Gobierno, mientras vendedores ambulantes ofertaban pulseras, cárteles y el disco compacto con la “cumbia de Andrés Manuel”.
La afluencia crecía cada vez más, mientras el jefe de la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, Carlos Reyes Gámiz, informaba la aprobación del secretario de Gobierno, Alejandro Encinas, como el hombre que relevará en el puesto a López Obrador y que tomará protesta el próximo martes.
Mientras las pantallas del exterior del Auditorio mostraban imágenes y fragmentos de los programas sociales y los mejores discursos del gobernante capitalino, una voz llamaba a simpatizantes, reporteros y camarógrafos para acceder al recinto.
Primero, honores a la bandera, y luego, honores al jefe de Gobierno. Andrés Manuel López Obrador subió al escenario, saludó rápidamente al público y sin más preámbulo comenzó la lectura de su último informe.
Ante la mirada atenta de todo su equipo de colaboradores que se encontraba en primera fila, y visiblemente nervioso, López Obrador se dijo satisfecho de participar en este acto y aseguró que el suyo no fue un gobierno de ocurrencias, sino de metas bien definidas y comenzó a lanzar una hilada de cifras: Desarrollo Sustentable, Gobierno y Seguridad Pública, Administración Pública y al final, la despedida.
En promedio, cada párrafo de su informe arrancó los aplausos del respetable, pero la primera ovación grande de la mañana, sucedió cuando el ahora ex jefe de Gobierno recordó las obras en mejoramiento del Centro Histórico de la Ciudad de México, incluyendo el convenio que este jueves suscribió con el rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, en el cual el GDF donó la torre de Tlaletolco para la creación de un centro cultural, el Memorial del 2 de octubre de 1968.
Siguieron cayendo las cifras y las estadísticas de su gestión, el tabasqueño se mostraba inquieto, un par de ocasiones le dio un vistazo a su reloj y repetidamente movía las manos y flexionaba las piernas constantemente.
Fueron más de 32 ocasiones en que público y simpatizantes interrumpieron su lectura para lanzarle ovaciones, gritos de apoyo y peculiares porras; El Peje sonreía ante las muestras de afecto, pero ante el incremento en las interrupciones a su discurso, López Obrador exclamó: “Me van a dejar terminar o qué”. Las risas se desataron.
Fueron pocas ocasiones en las que el perredista se salió del guión, pero cuando lo hizo, fue para lanzar algunas consignas a sus adversarios, como cuando afirmó que los salarios de sus colaboradores se redujeron de manera drástica, criticando el sueldo del Presidente de la República, y también cuando mencionó la estabilidad de las finanzas públicas, “antes sólo dejaban ‘tostones’”, dijo.
Se dijo conciente del enorme problema de inseguridad que se vive en el DF, que fue su mayor “talón de Aquiles” y aseguró que su sustituto mantendrá como prioridad el tema de la seguridad pública.
En sus palabras, Andrés Manuel dijo que se sentía orgullosos de haber llevado a la práctica lo que fue su lema de campaña en el año 2000: “Por el bien de todos, primero los pobres”.
“Andrés, amigo, el pueblo está contigo”, “Obrador, Obrador, presidente cumplidor”, se escuchaba por todo el auditorio. Sabiéndose querido, el tabasqueño repitió en dos ocasiones que “gobernar la Ciudad de México implica riesgos”, como el que corrió durante el proceso del desafuero y agradeció al pueblo.
“Estoy más que agradecido con la gente, porque fue este pueblo bueno, informado, conciente , avispado y generoso el que me ha sacado a flote en los momentos más difíciles de acecho y adversidad. Muchas, muchas, muchas gracias a mis paisanos de esta gran ciudad”, dijo y el auditorio se desbordó.
Observó a sus colaboradores a quienes también les agradeció su apoyo, deseó “buen camino” para el nuevo jefe de Gobierno y finalmente se despidió de sus gobernados, a quienes advirtió: “Dejo la Jefatura de Gobierno porque voy a luchar, junto con muchos mexicanos, mujeres y hombres, por una verdadera transformación de México...y a todas y a todos, de corazón mucha felicidad”.
Terminó la era López Obrador. El perredista bajó del estrado, dijo adiós al público del Auditorio Nacional y todo terminó.
Sonaron “las golondrinas” para López Obrador. El plazo se cumplió.