CIUDAD DE MÉXICO, México, ago. 5, 2005.- El presidente Vicente Fox advirtió que la democracia en el país tiene enemigos que buscan desprestigiarla y atribuyó esa situación al cambio político el cual –dijo- ha tocado intereses de grupos poderosos que en respuesta han dejado ver su fuerza cuestionando y boicoteando las acciones del gobierno. Al hacer un balance de su gobierno en la revista "Este país. Tendencias y Opiniones", planteó que como gobernante y como mexicano le es difícil creer que el esfuerzo colectivo hecho en su gobierno para procurar la democracia haya sido menospreciado por algunos.
El titular del Ejecutivo federal expuso que esa tendencia es resultado de las grandes expectativas que se desprendieron del arribo a la democracia y de la imposibilidad de cubrir las demandas que se presentan en una sociedad tan compleja como la mexicana.
Subrayó que pese a ello está satisfecho con lo alcanzado en lo que va de su administración; "siendo realista, hemos hecho cuanto ha estado en nuestras manos para resolver los problemas más apremiantes del país", aseguró.
De cara a su 5 Informe de Gobierno, el Presidente de la Republica reconoció que ser el responsable del liderazgo del país hacia la democracia no ha sido una tarea fácil.
En muchas ocasiones –apuntó- "he encontrado obstáculos tan difíciles de remontar y tan incomprensibles que a veces me pregunto por qué tiene enemigos la democracia".
Atribuyó ese hecho a que el cambio político ha tocado interesas de grupos poderosos que han dejado ver su fuerza cuestionando y boicoteando las acciones del gobierno.
Pero, además, se han ido modificando los malos hábitos políticos, lo que ha implicado enfrentar la desconfianza y la falta de disposición a abandonar prácticas incorrectas, pero conocidas y habituales.
Comentó que por lo general en los periodos de transición se presentan dos disyuntivas: enfrentar las dificultades económicas que provoca el impacto del cambio o manejar las presiones políticas que se derivan del diseño de una nueva estructura institucional.
En el caso de México las dos disyuntivas se presentaron juntas "y en ese escenario es en el que se ha desarrollado mi gobierno".
La democracia -refirió el Presidente en la publicación- debía terminar con el presidencialismo omnipresente que hacía de nuestro país un caso especial, lo que demandaba romper con los tres núcleos que lo caracterizaban; el poder desmedido del Ejecutivo, el centralismo y el dominio de un partido de Estado.
Hizo énfasis al respecto en que la autonomía y el equilibrio de los poderes de la Unión, el impulso de un federalismo independiente y a la vez solidario y el surgimiento de un pluralismo vital son aportes visibles del cambio emprendido.
"Los costos -resaltó- no han sido pocos. El retraso de las reformas más apremiantes para incorporar al país de lleno en la dinámica mundial, por ejemplo, se ha debido a decisiones del Congreso que respeto, pero no comparto".
Admitió que la relación con el poder legislativo no ha sido tersa ni ha permitido entablar las negociaciones necesarias para lograr el mayor beneficio en la toma de decisiones.
"Es preciso también decir que mi presencia en la Cámara de Diputados no ha recibido la cortesía que merece la investidura presidencial", mencionó.
Sin embargo, como en todo proceso de transición, los ajustes institucionales, la definición de nuevos pesos y contrapesos implican costos que, en mi opinión, han valido la pena asumir en una apuesta a largo plazo.
En el tema económico el mandatario se dijo satisfecho de haber elegido el camino responsable de la prudencia que ha conducido a la estabilidad de los indicadores fundamentales de la economía.
Resaltó que lo que hoy parece natural es producto de muchos años de esfuerzo y disciplina, reducción de la inflación de nueve por ciento a un nivel inferior a cuatro por ciento, la disminución de las tasas de interés de referencia hasta mantenerse en niveles de un dígito y la estabilidad del tipo de cambio.
El presidente Fox reconoció la persistencia de grandes problemas en el país como la pobreza extrema y la inseguridad pública y que es imposible darles solución en seis años. No obstante, dejó claro que tanto sociedad como gobierno han ido sentando las bases para consolidar una democracia en el sentido integral de la palabra.
Todo aprendizaje –sostuvo- implica costos y los mexicanos estamos aprendiendo a vivir en la democracia.
Así –dijo- es apresurado, si no arbitrario, hablar de desencanto. "El juicio sobre lo alcanzado por este gobierno le corresponde y lo va a hacer la ciudadanía, cuando se acaben los seis años que marca la Constitución para su ejercicio".
Ese "es el juicio al que me someteré como presidente y al que me someteré con todo valor", manifestó el primer mandatario.