Visite el sitio especial de huracanes: la devastación MADRID, España, oct, 3, 2005.- La Universidad Complutense de Madrid rindió homenaje a Lázaro Cárdenas y a los 200 docentes españoles que tras la Guerra Civil (1936-39) se exiliaron en México, en un acto en el que Cuauhtémoc Cárdenas, nieto del fallecido presidente mexicano, dijo que España "se enriquecerá cuando reivindique la II República como un periodo luminoso de su Historia".
El homenaje, celebrado en un recinto abarrotado de gente, lo presidieron la ministra española de Cultura, Carmen Calvo, el rector de la Complutense, Carlos Berzosa, y el escritor Juan Manuel Caballero Bonald, y a él asistieron también la viuda de Cárdenas, Amalia Solórzano, su hijo Cuauhtémoc Cárdenas y sus nietos.
Otras caras conocidas fueron el histórico dirigente comunista Santiago Carrillo, el historiador Nicolás Sánchez Albornoz, y los cantantes Ana Belén, Víctor Manuel, Rosa León y Joaquín Sabina.
Abrió el acto Berzosa quien, muy emocionado, recordó cómo con la guerra partió al exilio “la flor y la nata" de la ciencia española, y cómo los que en el país escaparon de ser fusilados "fueron también condenados a un largo y penoso exilio interior".
Las ciencias y las humanidades sufrieron un golpe mortal del que no pudieron recuperarse en 50 años, y el exilio significó "la sangría de una parte sustancial del capital humano de la cultura española", dijo el rector de la principal Universidad madrileña.
Pedro Carrasco, catedrático de Física Matemática; José Giral, de Química Orgánica, el gran naturalista Ignacio Bolívar; los fisiólogos José García Valdecasas, Jaime Pii Sunyer y Severo Ochoa, que recibió el Nobel de Medicina en 1956, fueron algunos de los 215 profesores de universidad, 73 de ellos catedráticos, que tomaron el camino del destierro y encontraron en México "su segunda patria".
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional, condecorados con la medalla de la Complutense junto con el Instituto de México, fueron las instituciones que se nutrieron del saber de estos exiliados.
La ministra de Cultura recordó a Cárdenas como figura clave para España por la defensa y la acogida dispensada a esos transterrados, que no eran sólo intelectuales de prestigio o profesores: "el 60 por ciento eran agricultores, el 30 por ciento técnicos y obreros cualificados y el 10 por ciento intelectuales", hasta superar los 20.000 refugiados.
Cuauhtémoc Cárdenas Batel, nieto del presidente mexicano, recordó cómo el México de entonces "supo entender como nadie la gravedad de la Guerra Civil española" y "alzó firme su voz" en foros como la Sociedad de Naciones, "cuando Francia, Inglaterra o Estados Unidos prefirieron desentenderse".
Antes aún de concluida la contienda, México acogió a unos 500 niños por iniciativa de mujeres como Amalia Solórzano, que hoy recogió una placa conmemorativa del acto.
"Nunca el Gobierno condicionó el asilo a nadie", dijo Cárdenas, en contrapartida, destacó haber aprendido de aquellos republicanos españoles "que la patria está en la justicia, la libertad y la dignidad", y que señaló que "la riqueza humana que se perdía en España la ganábamos para México, pero sobre todo, para la preservación de una España libre y su futuro".
Además de Amalia Solórzano, se acercaron hasta la mesa presidencial para recibir las medallas de la Complutense, Jesús Avila, del Instituto Politécnico, Alicia Hernández, del Colegio de México, y Adolfo Sánchez Vázquez, de la UNAM.